Apuesto que nunca han escuchado ese concepto, pero
ahora les diré en qué consiste.
El locutor radial Phillip Butters volvió. Ahora
trabaja en Radio Exitosa, perteneciente a la Corporación Universal, propiedad
de la familia Capuñay. Una semana antes fue despido de Radio Capital,
perteneciente al grupo RPP, porque no quiso aceptar una “suspensión” de 15 días
por sus agravios contra el Presidente de la República, el Presidente del
Consejo de Ministros, la Ministra de Educación y los dueños de varios medios de
comunicación durante la marcha “Con mis hijos no te metas”. Fue demasiado lejos
y sus jefes no lo toleraron.
Sin embargo, Butters insiste que el Gobierno nacional
es culpable de su despido. Dice también que fue víctima de un “boicot” por sus
antiguos anunciantes. No entiende que la indignación por los dichos homofóbicas
y machistas colmó la paciencia de muchas personas en las redes sociales Facebook y Twitter y, ante el desprestigio de Butters, los anunciantes
decidieron quitar sus pautas publicitarias. No obstante, Butters se “vengará”
de los anunciantes que le dieron la espalda y está acusando falsamente a tres
marcas comerciales muy conocidas.
Además, Butters ha comprado un espacio al aire en la
televisora privada de señal cerrada Willax TV, donde están varios amigos suyos.
Una de las fundadoras, la periodista Cecilia Valenzuela, renunció en protesta
(fue ilusa: creyó que podía defender “valores liberales” junto al sector más
reaccionario de la derecha conservadora), así como muchos otros también
renunciaron a Exitosa en protesta por la incorporación de Butters.
Aunque tiene seguidores, ¿cómo un misógino,
violentista e intolerante como Butters puede conseguir tribuna libre?. Hay una
explicación: la “corrupción periodística”. El periodismo en el Perú bajo la
democracia restaurada en 2001 ha llegado a la degradación y el descrédito casi
totales que cualquiera puede utilizar este oficio para mentir, tergiversar, confundir,
censurar y hasta insultar o amenazar. Tampoco importan los análisis, las
aclaraciones o las persuasiones, sólo la imposición. Díganme si me equivoco.
¿Cómo llegamos a esta situación?. Por una parte, a los
periodistas o quienes hacían periodismo se les empezó a “perdonar” faltas
garrafales (pésimas investigaciones, denuncias endebles, informaciones sin
confirmar, etc.) por conveniencia política, apoyo popular o intereses
particulares y hasta fueron “premiados” con contratos más lucrativos (hace
mucho tiempo que el periodismo es un oficio de “enriquecimiento”) o programas
estelares. Por otro lado, dueños y directores de televisión, radio o prensa
escrita empezaron a encargar el ejercicio periodístico a personajes muy
populares, pero sin deontología del periodismo y representando intereses
propios o de terceros.
Sólo así se puede entender que haya energúmenos
provocadores y llenos de odio como Butters insultando o amenazando con micrófonos,
cámaras de televisión o columnas de opinión. Todo por la “libertad de expresión”,
que sólo defienden si no conlleva “responsabilidad”.
Estamos advertidos.

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