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El indulto a Alberto Fujimori ("ESPECIAL")

Coincidiendo con la Noche Buena el Presidente de la República otorgó el indulto humanitario al ex dictador Alberto Fujimori.

Extraditado desde Chile, Fujimori tenía preso diez años. En 2009 recibió la condena más grave de todos los juicios penales a los cuales fue sometido: 25 años de prisión por las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta en 1991 y 1992, respectivamente, cometidas por el destacamento militar Colina. Los juicios por corrupción o violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad han sido llevados correctamente, porque todos los casos pasaron por cuadernillos de extradición aprobados por la justicia chilena.

Fujimori nunca fue un “preso político” (en democracia no hay presos políticos) sino un “político preso”, pero los pedidos por un indulto fueron reiterados. Jurídicamente, sólo procedía un “indulto humanitario” (discutible también), conforme está regulado desde 2007. Se requería el informe favorable de una junta médica indicando que el reo padece una enfermedad física o mental progresiva, degenerativa e incurable, que se agravaría con la prisión. Un indulto borra la pena, no los delitos cometidos. En 2013 el gobierno de Ollanta Humala denegó el indulto humanitario al ex dictador solicitado por la familia. Está viejo y padece ciertas enfermedades no necesariamente mortales. Cuatro años después se le otorga, pero en circunstancias particulares.

La nueva solicitud habría sido presentada por Fujimori dos semanas atrás. Después se le adjunto el informe de una junta médica recomendando el indulto humanitario. Aunque ese informe no era vinculante para el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, el Presidente de la República se basó en los resultados para su decisión. Uno de los médicos integrantes de la junta es médico del ex dictador y su opinión avalando un informe anterior fue determinante para la negativa del indulto humanitario en 2013. Además, Fujimori todavía sería procesado pronto por el Ministerio Público y el Poder Judicial, a raíz de otro caso relacionado a Colina en 1992. Esas dudas no fueron resueltas en los considerandos de la resolución suprema ni en el Mensaje a la Nación de Su Excelencia el día de Navidad.

De otro lado, hay una minoría que celebra, mientras otra minoría pretende desatar su furia contra el Gobierno nacional. Tanto el 24 como el 25 hubieron protestas en Lima, Cusco, Arequipa y otras ciudades contra el indulto humanitario. Al medio una mayoría que ha creído la versión del periodista Nicolás Lucar que el indulto fue negociado políticamente. En realidad, quienes conocen al Presidente de la República saben que no un hombre rencoroso ni nunca compartió el anti-fujimorismo de quienes -lo aseguro- “celebrarían” la muerte del ex dictador. 

El hijo menor de Fujimori, Kenji, actual congresista, es el gran ganador por el indulto de su padre, que siempre fue su objetivo y jamás lo ocultó. Dentro del fujimorismo su figura política irá en ascenso, mientras el liderazgo de su hermana mayor, Doña Keiko, ex congresista y dos veces candidata presidencial, quien siempre fue algo reacia a la excarcelación del padre, irá en descenso. Kenji y sus nueve congresistas seguidores (quienes no lucharon por el indulto a alguien que ni conocen sino contra Doña Keiko y su cogollo “moto-taxi”) fueron determinantes tres días antes para quebrar la mayoría absoluta fujimorista en la Cámara y frustrar la destitución presidencial en el Congreso por supuesta “incapacidad moral permanente”.

Al contrario de Su Excelencia, este indulto no conllevará la “reconciliación”. Los anti-fujimoristas de distinta ideología ya lo odian, los fujimoristas keikistas no se lo agradecen y pierde apoyo político: los congresistas Alberto de Belaunde, Vicente Zeballos y Gino Costa han renunciado a la bancada oficialista. Es normal, porque Fujimori es un personaje controversial y lo seguirá siendo aun después de su muerte.

Que la Historia juzgue finalmente esta decisión del Presidente de la República.

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