Como magia han aparecido en televisión, radio o
prensa escrita, politólogos peruanos, pero sus “análisis” dejan mucho que
desear.
El politólogo es quien ha estudiado “politología” o “ciencias
políticas”. ¿Qué estudia las “ciencias políticas”?. La teoría y actividad
política, los sistemas y regímenes políticos, las políticas públicas, la
gestión pública y la política en la sociedad. Históricamente, estuvo ligada a
la filosofía, la historia y el derecho, pero tras las décadas de 1950 y 1960,
por influencia del sociólogo estadounidense Harold Lasswell (un freudiano “progre”)
y otros, se volvió empecinadamente “conductista” (no importan las
instituciones, sólo la conducta), endiabladamente “metodológica” (números,
números y más números) y desquiciantemente teórica (pura investigación teórica,
no importa cómo se relaciona con la práctica), como lo han señalado los politólogos
italianos Norberto Bobbio (quien distingue entre unas “ciencias políticas” abiertas
y una “ciencia política” cerrada) y Giovanni Sartori, quien incluso cree que
esta disciplina académica ha sido vaciada de contenido y ya no sirve para “pensar”.
¿Cómo razona un politólogo?. Pese a tener distintos
enfoques conceptuales (conductismo, estructuralismo, institucionalismo,
marxismo), varios paradigmas teóricos (elitismo, marxismo, pluralismo) y una
amplia metodología (método científico, método histórico), generalmente, los politólogos
son “conductistas”, sus paradigmas son “elitistas” o “marxistas” y siempre
recurren al método científico, propio de las ciencias naturales que las
ciencias sociales. Formulan una premisa, diseñan una complicada investigación y
elaboran engorrosas estadísticas. Recurren a mucha fuente teórica para
confirmar o refutar la premisa. Nada más.
¿Qué dicen los politólogos peruanos?. Que el escándalo
internacional de corrupción Odebrecht y los 29 millones de dólares en sobornos
entre 2005 y 2014 en el Perú, durante los gobiernos de Alejandro Toledo, Alan
García y Ollanta Humala, es la demostración que el modelo económico heredado de
la década de 1990 es “corrupto”, “fomenta la corrupción” o está “agotado” por
corrupto. La izquierda radical dice lo mismo. Tampoco es la primera vez que se
intenta hacer esta maniquea asociación.
Engullidos de ese conductismo atorrante, cegados por
el elitismo o el marxismo que los hace posar de “populistas” o “progres” (por
eso muchos son “de izquierda”) y mentalmente atrofiados por el inadecuado método
científico, estos politólogos no entienden qué es la corrupción y cómo
funciona. Creen que es cuestión de personas, no de incentivos o desincentivos,
premios o castigos, instituciones y cultura. Sin salieran de sus bibliotecas y
pensaran un discurso económico que les falta, quizá entiendan que ese modelo que
tanto detestan redujo a la mitad la pobreza y considerablemente la pobreza
extrema en los últimos quince años y que la corrupción es un fenómeno social
combatible y ancestral, que no desaparecerá de la noche a la mañana.
Si estos politólogos no lo entienden, ¿para qué el
Perú necesita politólogos?.

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