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El clímax de la tragedia ("ESPECIAL")

Empieza junio y, posiblemente, sea el mes más duro y crucial de la pandemia viral COVID-19 en el Perú.

A la dramática realidad de los hospitales colapsados, la falta de camas disponibles y unidades de cuidados intensivos, la escasez de balones de oxígeno y medicamentos, la desprotección sanitaria de médicos y enfermeras, las pilas de cadáveres en las morgues, los numerosos entierros y las numerosas cremaciones, se le sumará una alza espeluznante en el número oficial de contagiados y fallecidos. No descartar que este junio comencemos a ver horrorizados (como lo vivió Ecuador hace dos meses) miles y miles de personas contagiadas y muchos fallecidos en plena vía pública. No hay “meseta” de contagios y el Colegio Médico (por citar una referencia) cree que no la habrá hasta julio o, quizá, agosto. Por más que ciertos medios de comunicación hablen de pacientes recuperados (enhorabuena por la recuperación), la tasa de contagio aún es más alta que la tasa de recuperación, por lo que no alcanzamos todavía el “pico” de la pandemia.

De otro lado, este junio comenzaremos a sentir crudamente la crisis económica: la quiebra masiva de empresas y el desempleo se acelerarán y el empobrecimiento general se hará más agobiante. Para las clases medias y, especialmente, los pobres y pobres extremos, quienes cada día “mal viven” como pueden. La delincuencia está creciendo, a pesar del Estado de Emergencia, el toque de queda y el “aislamiento obligatorio” vigentes en todo el país desde la quincena de marzo para contener la pandemia. También el desacato a la excepcionalidad. Ni siquiera la presencia de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional en calles, avenidas y carreteras disuadirá. A su vez, habrá más casos de agresión sexual, violencia intrafamiliar, depresión, alcoholismo, drogadicción y suicidios.

A partir de este mes empezarán a crecer el descontento y las protestas hacia el Gobierno nacional de ese “aventurero” llegado a la Presidencia de la República mediante la sucesión constitucional de 2018, porque se hará más evidente el fracaso absoluto: el virus fuera de control y la economía destrozada. El “aventurero” no debió proclamar triunfante en la quincena de mayo la mentada “meseta”, porque lo ha desacreditado irremediablemente. Basta un vistazo a las redes sociales Facebook y Twitter para ver cómo le recriminan la mentira y los esfuerzos burdos por disfrazarla. El “escándalo Richard Swing” ha golpeado su (supuesta) credibilidad en la lucha anticorrupción, porque -por primera vez- ubica un escándalo de corrupción en el seno del Gobierno.

Pese a los intentos de los medios de comunicación “adictos” (quienes ilusionaron a la gente con la cacareada “cuarentena focalizada”) y las encuestadoras, a partir de junio se hará notoria la ausencia de la popularidad indesmayable que, supuestamente, tiene o tenía el “aventurero”. Habrá más voces opositoras (como la ex congresista Verónika Mendoza, lideresa de una facción de izquierda radical) exigiendo se deje de “culpar a la población” por la expansión de la pandemia. La reciente “Carta abierta al Perú”, promovida por el escritor Mario Vargas Llosa y firmada por políticos, empresarios y profesionales abogando por la “unidad nacional” y un entendimiento entre el Gobierno y el Congreso, lamento, caerá en “saco roto”. Temo el “aventurero” seguirá en su megalomanía por el poder y con sus anuncios distractores para que no hablemos de su fracaso. Hace rato el Congreso le “tiene ganas”, pero hasta el 28 de julio los congresistas deben contenerse. Mientras, continuarían con sus iniciativas legislativas demagógicas para ganar popularidad.

Si este mes el “aventurero” y su Gobierno insisten en el autoritarismo para contrarrestar la pérdida de autoridad, enviando militares o policías a reprimir manifestantes, perseguir infractores o detener disidentes, explotarán el hastío y la rabia contenidos. El temido “estallido social” (o “estallidos sociales”) estaría a la vuelta de la esquina.

 


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