El Perú es un país de héroes y
anti-héroes entremezclados o transmutados unos con otros y el destino reciente
de dos conocidos personajes públicos así lo demuestra.
El coronel Benedicto Jiménez, quien
en 1992 saltó a la fama junto a los generales Marco Miyashiro y Antonio Ketín
Vidal por integrar el Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) contra-terrorista
de la Policía Nacional que capturó a Abimael Guzmán, el jefe máximo de Sendero
Luminoso, y a su cúpula terrorista.
Cuando en el año 2000 Vidal se
convirtió en el Ministro del Interior bajo el gobierno de Valentín Paniagua, Jiménez
denunció -sin mayores pruebas- que su antiguo jefe policial se había apropiado
ocho años antes de la recompensa por la captura de Guzmán. Hombres de prensa
como Carlos Paredes (quien hasta escribió un libro-ficción titulado La
Caída del Héroe) se encargaron de destruir la imagen pública de Vidal.
En 2004 denunció penalmente a Jiménez por difamación y el año pasado el Poder
Judicial le dio la razón.
En 2007 el gobierno de Alan
García nombró a Jiménez jefe del Instituto Nacional Penitenciario (INPE), cargo
al cual renunció cuando se revelaron supuestos nexos con el preso por
narcotráfico Fernando Zevallos. Un año antes quiso postular a la Alcaldía de
Lima, pero su candidatura se perdió en la negra noche. Con un título de abogado
bajo el brazo, Jiménez se asoció al empresario Rodolfo Orellana, dueño de Juez Justo, una revista de dudosa línea
editorial. Incluso le contrató un espacio al aire en Radio San Borja para que Jiménez
más dos plumíferos echaran barro con ventilador a quien criticase a él o su
jefe. Los negocios mafiosos de Orellana han terminado por conducir al antiguo
héroe hacia la cárcel.
Si los héroes pueden volverse
anti-héroes, los anti-héroes pueden volverse cualquier cosa. Eso le ocurre al
general Daniel Urresti, actual Ministro del Interior, quien es procesado
judicialmente por el asesinato del periodista Hugo Bustíos en 1988, cuando
Urresti era un capitán del Ejército destacado a la base militar de Huanta en
Ayacucho. Según la acusación fiscal de 2009, Urresti sería el autor material
del asesinato de Bustíos (corresponsal de la revista Caretas), quien con su colega Eduardo Rojas investigaba una masacre
de Sendero Luminoso. A Urresti lo acusa el coronel Víctor Lavera, ex jefe
militar en Huanta, condenado en 2007 por la autoría intelectual.
Urresti se dio a conocer
públicamente en 2012 cuando el Presidente de la República lo nombró alto
comisionado para la lucha contra la minería ilegal, encabezando después varios operativos
militares-policiales en Arequipa, Puno, Cusco y Madre de Dios. En ese momento
recibía el apoyo de todos los partidos políticos en el Congreso. Cuando Su
Excelencia lo elije para el Ministerio del Interior, empezaron las críticas. Ahora
que estalló el escándalo, el APRA y el fujimorismo se han unido a “rojos y
rojimios” (irónico, ¿no?) para pedir la renuncia de Urresti, mientras aquél
sigue con sus aparatosos operativos policiales contra el crimen.
¿Quién será el próximo héroe que
se volverá anti-héroe?.


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