El polémico abogado Aldo Mariátegui (no sabía de su
romance con Madeleine Osterling, hija del difunto último presidente del Senado,
Felipe Osterling) presentó su primer libro.
Se llama “El
Octavo Ensayo” (para citar “Siete
Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana”, publicado en 1928 por su
abuelo, el escritor José Carlos Mariátegui), donde vitupera contra cualquiera
ideológicamente más a la izquierda que él. El hombre es libre de escribir y
publicar lo que sea, pero analizaré un postulado del libro.
Mariátegui afirma que los dos peores males “de
izquierda” que le pudieron suceder al Perú fueron la “Revolución de las Fuerzas
Armadas” o la dictadura del general Juan Velasco Alvarado (1968-1975) y el
terrorismo de Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru
(MRTA) durante las décadas de 1980 y 1990 y, por supuesto, no le falta razón.
Sin embargo, él no entiende que no fueron fenómenos históricos aislados sino la
consecuencia de un proceso político, económico y social.
¿Dónde está el origen de ambos fenómenos?. Según el
historiador Antonio Zapata, en el gobierno de José Luis Bustamante y Rivero.
Inaugurado con bombos y platillos en 1945, se suponía que sería un “ensayo
democrático” con “reformismo social”, apoyado políticamente por el partido de
masas más importante, el APRA. El Perú era un país muy atrasado e ideas de
“justicia social”, “redistribución de la riqueza”, calaron hondo. Sin embargo,
las esperanzas populares se frustraron: una pésima política económica basada en
control de precios, control de cambios, control de importaciones, subsidios y
subvenciones y mucho gasto público dispararon la inflación, provocaron escasez
y desabastecimiento, alentaron la corrupción y empobrecieron a la población. El
receso del Congreso en 1947 polarizó la política: algunos gritaban “revolución”
mientras otros querían “orden” y perdía espacio la moderación. El golpe de
estado de 1948 protagonizado por el general Manuel Odría liquidó el experimento
político.
Nadie aprendió nada. El APRA se encerró en el
populismo económico y el sectarismo partidario. No fue castigado en las urnas,
porque las elecciones constituyentes de 1949 nunca se realizaron. La “derecha”
se ufanó del golpe. El Partido Comunista aprovechó el desprestigio aprista para
propalar ideas socialistas, pero tampoco hizo mea culpa por el fracaso democrático. Los muchos disidentes
apristas que querían “revolución” renegaron del APRA, se fueron más a la
izquierda y empezaron a clamar por un “gobierno popular”, que repitiera la
misma política económica fracasada (¡fracasó por culpa de los apristas!) más
una profunda reforma agraria y la nacionalización de empresas. Así se llegaría
a 1968 y la “Revolución” de Velasco, pero no toda “la izquierda” aplaudió el
militarismo socializante y varios siguieron hablando de “revolución” y “lucha
armada” hasta llegar a Sendero y el MRTA.
Una comprensión más amplia y cabal de la Historia permite
entender por qué ocurrieron los hechos como ocurrieron, no con fechas o anécdotas,
como hace Mariátegui.

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