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Fin de Vladimir Cerrón


Entre el conflicto en Arequipa por el proyecto minero Tía María y las nuevas revelaciones del “escándalo Odebrecht” desde Brasil, una noticia distinta.

El Ministerio Público acusó y el Poder Judicial procesó y condenó al presidente regional de Junín, Vladimir Cerrón, a 4 años y 8 meses de prisión efectiva por el delito contra la administración pública en la modalidad de negociación incompatible. También se le impuso inhabilitación política por 1 año y el pago de una reparación civil por 850 mil soles, a pagar en forma solidaria con los demás procesados en el mismo caso. Se ordenó a la Policía Nacional su captura inmediata.

En 2011, cuando presidía el Gobierno Regional de Junín, Cerrón y tres cómplices aceptaron directa e indebidamente la ampliación del plazo N° 03 de la obra “Mejoramiento y Ampliación del Sistema de Agua Potable y Alcantarillado” de La Oroya para favorecer a una empresa constructora con la suma de 850 mil soles.

Quizá tonto, pero no perezoso, Cerrón corrió a esconderse. Desde la “clandestinidad”, alega que la sentencia es “injusta”. Su abogado apelará ante la segunda instancia, pero su movimiento político desde Huancayo publicó un comunicado acusando “persecución política” por la tentativa de una candidatura presidencial de su líder. Aunque se convierta en otro “político preso”, no “preso político”, la condena por corrupto a Cerrón golpea a la izquierda radical en el Perú.

Tal vez por su movimiento político con la “codiciada” inscripción ante el Jurado Nacional de Elecciones o sus nexos con la Venezuela bolivariana (a pesar de la hecatombe económica y la emergencia humanitaria, la dictadura de Nicolás Maduro aún tiene dinero para regalar a sus amigos “rojos” en América Latina), Cerrón se estaba convirtiendo en un factor de cohesión dentro de la izquierda radical. Gregorio “Goyo” Santos, ex presidente regional de Cajamarca, se le había unido. Hace rato la ex congresista Verónika Mendoza “coquetea” (políticamente) con él, pese a los reparos de su lugarteniente: la congresista Marisa Glave. Cerrón también tiene buenas relaciones con sus pares regionales de Arequipa, Moquegua y Puno, Elmer Cáceres Llica, Zenón Cuevas y Walter Aduviri, respectivamente, quienes no se pueden ver entre ellos ni en fotografía. Sólo el ex sacerdote católico y congresista Marco Arana no gozaría de las simpatías de Cerrón.

Un elemento aglutinador entre tantos intereses personales era una “bendición” para la izquierda radical, pero se ha perdido. Aduviri y Cuevas tienen proyectos políticos propios y compiten por el “padrinazgo” de la Bolivia de Evo Morales. Mendoza debe “reevaluar” su alianza con Cerrón, porque Glave y Richard Arce (otro congresista “mendocista”) han dicho públicamente que no quieren nada con un corrupto. “Goyo” debiera salir corriendo, por si acaso. Cáceres Llica queda sin respaldo fuera de Arequipa contra el Gobierno nacional por Tía María.

¿Qué pasará?. El ex diputado y congresista Manuel Dammert (viejo “rojazo”) lo resumió bien cuando los reporteros en el Congreso le preguntaron por Cerrón: sin comentarios.


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