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Doña Keiko en prisión


Era previsible: 36 meses de prisión preventiva para doña Keiko F., ex congresista, dos veces candidata presidencial, hija mayor del ex dictador Alberto Fujimori y lideresa del fujimorismo.

A pedido del Ministerio Público, el Poder Judicial ordenó privación de libertad personal en el marco de la investigación por aportes irregulares a la campaña presidencial de 2011 en el marco de la relación con el “escándalo Odebrecht” (la corrupción de la empresa constructora brasileña) y la red de corrupción de fiscales y jueces, cuya figura emblemática es el ex vocal supremo César Hinostroza, hoy apresado en España.

El fiscal especializado José Domingo Pérez se esforzó por armar bien su caso, aunque tuvo falencias. Consideró “prognosis de la pena”, pero el “peligro procesal” expresado en la “obstaculización de la justicia” fue su argumento más sólido. Así pareció haberlo entendido el juez Richard Concepción (quien esta vez ha seguido las sentencias del Tribunal Constitucional), aunque su orden es débil en “control de legalidad”. La obstaculización de la justicia parece evidente tanto en las declaraciones de “testigos protegidos” como en mensajes del chat “La botica” de la red social Telegram del cogollo keikista, donde se habla de “estrategias” contra fiscales y jueces.

Quizá Doña Keiko intuía el desenlace. La defensa legal fue pésima. Los ataques mediáticos de los congresistas fujimoristas a Pérez y Concepción (a este último lo ensalzaban hace poco tiempo) tampoco ayudaron. Menos el Fiscal de la Nación (cuyo accionar parece de la “cosa nostra”, la mafia italiana), demasiado alineado con el fujimorismo y groseramente defendido por los fujimoristas.

No me alegra que Doña Keiko esté en la cárcel, lejos de su esposo y sus hijas. Tal vez no permanezca los 36 meses: la apelación en segunda instancia o la acción de un Hábeas Corpus pueden excarcelarla pronto. Ella no es culpable, porque aún no hay acusación fiscal ni un juicio penal que determine su culpabilidad.

Políticamente, el encierro de Doña Keiko hace trizas el fujimorismo. Declaraciones por ahí, acusaciones por allá. “La primera presa política” (¿entonces el padre está juzgado y bien juzgado?), “arbitrariedad”, “politización”, “el Gobierno nacional está detrás”, etc. Por supuesto, los filo-fujimoristas en los medios de comunicación no se quedaron atrás: el periodista Hugo Guerra (¡hace tiempo le perdí el respeto!) hablando de militares y golpe de estado, el escritor Víctor Andrés Ponce (lo lamento, porque era un hombre sensato) asustándonos con el fantasma del encarcelado ex mayor Antauro Humala, el conductor de TV Phillip Butters y el periodista Nicolás Lúcar atacando al Presidente de la República, etc.

En fin, para Doña Keiko, quien estuvo tan cerca de alcanzar el cielo, la caída ha sido estrepitosa. Para el fujimorismo, que sacaba músculo constantemente y hacia alarde de fuerza política, el derrumbe es catastrófico.

¿Es el final del fujimorismo?. No lo sé, pero el destino de Doña Keiko como persona me interesa más que el porvenir del fujimorismo como movimiento político.


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