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Guerra avisada no mata gente

 

La Junta Nacional de Justicia nació a partir de la reforma constitucional ratificada en el Referéndum de 2018.

La opción por el SI a la creación de la Junta Nacional de Justicia obtuvo 86.56% de votos válidos, mientras el NO obtuvo 13.44%. Quien escribe estuvo entre quienes votamos NO y el tiempo nos habría dado la razón: la Junta Nacional de Justicia, que reemplazó al extinto Consejo Nacional de la Magistratura (cuyo diseño era mejor), es el peor organismo constitucionalmente autónomo existente y los últimos acontecimientos lo han demostrado.

Habiendo destituido irregularmente a la fiscal suprema Patricia Benavides cuando tenía otra composición, ahora la Junta Nacional de Justicia decidió “restituirla”, también irregularmente, ocasionando un encontronazo con Delia Espinoza, actual Fiscal de la Nación, y la Junta de Fiscales Supremos del Ministerio Público y ahondando la demolición institucional que padece la democracia restaurada en 2001 hace tiempo.

Aparte de los vicios de forma en la resolución (unanimidad equivale a todos, no a “casi todos”), ninguna parte del articulado de la Constitución de 1993 ni la normativa legal vigente otorga a la Junta Nacional de Justicia potestad para “nombrar” una Fiscal de la Nación como pretende convertir a Benavides ni ordenarle a la Policía Nacional el arresto de Espinoza por “desacato”. Conforme a la Constitución de 1993, sólo la Junta de Fiscales Supremos designa de entre sus integrantes al Fiscal de la Nación y ésta eligió una reemplazante para completar el mandato que tenía Benavides cuando fue destituida.

¿Por qué tenemos a los sectores “de derecha”, que dominan el putrefacto Congreso y “someten” al Gobierno nacional, insistentes con “hacer cumplir” la resolución de la Junta Nacional de Justicia y reinstalar a Benavides como Fiscal de la Nación, y a los sectores “de izquierda”, justificando la destitución irregular de Benavides, y buscando, como sea, que ella no vuelva a ser fiscal suprema?. Simplemente, porque ya a muy poca gente en el país le importa el cumplimiento de la Constitución de 1993 (por más que sectores “de derecha” se llenen la boca haciéndole loas) o cree en las instituciones y el imperio de la ley.

No, vivimos en un conato guerracivilista donde los sectores “de derecha”, con la mente podrida por esa venenosa prédica anti-izquierdista, deben vencer, aplastar, aniquilar, a sus enemigos reales o imaginarios, porque están en una lucha político-ideológica, una “batalla cultural”, en favor de Dios, la familia y la Patria. Los sectores “de izquierda”, en donde escasean demócratas, tampoco se quedan atrás. Mientras tanto, el grueso de la ciudadanía, ocupada en sus quehaceres diarios, es testigo indiferente de este bochornoso y decadente espectáculo no-oficial.

¿Cómo terminará todo?. Lo ha expresado la periodista estadounidense Anne Applebaum en su excelente libro El ocaso de la democracia: La seducción del autoritarismo, publicado en 2020. Ningún bando político ganará, pero sobre la derrota de ambos sí habrá un ganador: el autoritarismo del futuro caudillo.

 

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