El mundo está horrorizado por los últimos acontecimientos en Israel.
Los terroristas islamistas de Hamas, quienes dominan desde 2006 la Franja de Gaza, territorio -en teoría- perteneciente a la Autoridad Nacional Palestina, enviaron el último fin de semana comandos de milicianos palestinos en camionetas al sur israelí burlando e incluso derribando el muro fronterizo con Israel, sobrepasando a soldados que lo custodian, y disparando a diestra y siniestra. También lanzaron ataques con cohetes desde Gaza.
Al momento de escribir este artículo, Israel reporta más de setecientos muertos: la gran mayoría, civiles. Los terroristas de Hamas entraron a las viviendas y mataron a todos sus habitantes. A quienes circulaban en automóviles o caminaban cerca también les dispararon a matar. Imágenes de cadáveres esparcidos por calles o autopistas dieron la vuelva al planeta. Los reportes indican también más de dos mil heridos. A su vez, los milicianos palestinos secuestraron a más de un centenar de personas: muchas son mujeres, a quienes habrían violado sexualmente antes de llevarlas hacia Gaza, y niños.
La respuesta israelí no tardó: la aviación militar ha bombardeado con precisión quirúrgica, pero efecto brutal objetivos armados en la Franja de Gaza. A diferencia de Hamas, los militares israelíes no quieren sangre. Al mismo tiempo, los terroristas islamistas de Hezbollah, oriundos de Líbano y pro-iraníes, amenazan con atacar Israel. Por el momento, han lanzado ataques con cohetes desde la frontera norte israelí. Hamas, Hezbollah y Yihad Islámica (terroristas islamistas presentes en la Cisjordania palestina) son tributarios de la teocracia islámica de Irán, quienes (más allá de rivalidades en el Islam) tienen en común el odio asesino hacia Israel.
He criticado en el pasado la “partidocracia” israelí. Me desagrada absolutamente el primer ministro Benjamín Netanyahu, a quien considero un “sinvergüenza”. Rechazo a quienes justifican (hasta con pretensiones religiosas) la construcción de más asentamientos de colonos israelíes en territorios de la Cisjordania palestina, porque en la Franja de Gaza no existen desde 2005. Sin embargo, nada, nada justifica el terrorismo ni la muerte de civiles inocentes.
Como en distintas partes del globo, Perú no ha sido indiferente a los sucesos de violencia terrorista en Israel. Bastaba ingresar a las redes sociales para ver y leer a quienes, desde sectores “de izquierda”, justifican el salvajismo delirante de Hamas como reivindicación de la “causa palestina”. Falso. A Hamas, convertido en un títere armado de la teocracia islámica iraní, no le interesan los palestinos sino destruir Israel. En sectores “de derecha” también hay quienes matizan o minimizan el terrorismo islamista con la excusa de luchar contra la “hegemonía globalista” o las “fuerzas globalistas”. Tarados.
Siempre
recordaré un catedrático de universidad, quien nos dijo en clase una frase
lapidaria que jamás olvidaré: basta que justifiques un solo acto terrorista y
comenzarás a hallar justificación a todos. No empezaré ahora.
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