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Estado laico, ¿por qué ahora?

La congresista Verónika Mendoza, candidata presidencial de la izquierda radical más “progre”, ha propuesto un tema para el debate electoral: eliminar los privilegios de la Iglesia Católica en el Perú creando un “Estado laico”.

Según el abogado y catedrático universitario Marco Huaco, hay cuatro tipos de Estado en relación con las confesiones religiosas: el confesional, el pluriconfesional, el colaborador y el laico. Hasta la Constitución de 1979 el Perú tenía un “Estado confesional”, porque unas de sus funciones primordiales era defender la religión católica, aunque desde la reforma de 1915 no se reprimían ni perseguían manifestaciones religiosas distintas al catolicismo.

El Perú y el Vaticano negociaron el nuevo estatus de la Iglesia Católica. En 1980 la “dicta-blanda” del general Francisco Morales Bermúdez firmó y aprobó el Concordato con la Santa Sede que establece la colaboración en forma de subsidios, exoneraciones tributarias y preferencia para la divulgación de la fe católica. Personalmente, es un concordato espurio, porque fue negociado en secreto, aprobado días antes de la trasferencia del mando al gobierno de Acción Popular y antes que se instale el Congreso.

Mendoza ha propuesto el “Estado laico” y sólo la candidata puntera en las encuestas y quien tiene su misma intención de voto multiplicada por 15 le ha respondido: que se cumpla la Ley de Libertad e Igualdad Religiosa de 2010, que -conforme a la Constitución de 1993- regula formas de colaboración con otras confesiones religiosas, como las iglesias evangélicas.

Creo que esos “rojos” y “rojimios” anticatólicos se han aprovechado de las recientes denuncias por casos de pederastia en la organización apostólica católica Sodalitium Christianae Vítae, realizadas por -entre otros- el actor Jasón Day, conocido activista social “progre”, y además magnificadas por el periodista Pedro Salinas, amigo de “rojimios” y propagandista enfermizamente anticatólico, para volver a atacar la Iglesia Católica. Incluso desde la Pontificia Universidad Católica del Perú (aún en “rebeldía” canónica contra la Santa Sede) y aplaudiendo al papa Francisco, más showman “progre” que Santo Padre. Quisieron denunciar penalmente ante el Ministerio Público por esos casos al cardenal Juan Luis Cipriani, enemigo del “rojerío” y con quien no simpatizo.

Desesperada por no haber subido en la intención de voto, a pesar de portadas con su rostro y declaraciones suyas todos los días en el minúsculo Diario Uno, tal vez Mendoza creyó que le atinaría con un supuesto “sentir anticatólico”, pero no cayó en la cuenta que la sociedad peruana sigue fuertemente influenciada por la Iglesia Católica y no le interesa esas propuestas exquisitas sino temas más comunes, como economía, seguridad o lucha contra la corrupción.

La izquierda radical continúa desconectada del electorado y si Mendoza no sube en la intención de voto, no es por culpa del modelo Yaco Eskenazi (¿?), como ridículamente insinuó el periodista Luis Davelouis, sino porque hace propuestas como el “Estado laico” que no son prioritarias.



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