La congresista Yeni Vilcatoma renunció al
fujimorismo. Es la primera renuncia parlamentaria desde la instalación del
nuevo Congreso en julio pasado.
Vilcatoma saltó a la palestra en 2014 cuando formaba
parte de la procuraduría anti-corrupción. A raíz de “desacuerdos” con el
entonces ministro de Justicia y Derechos Humanos, Daniel Figallo, por el caso
Martín Belaunde Lossio, en el cual estaba involucrado el gobierno de Ollanta
Humala, Vilcatoma tuvo un gesto público espectacular: sin renunciar a su cargo
en la procuraduría, envió al Palacio de Gobierno una carta exigiendo el “despido”
de Figallo. Escribió al jefe de su jefe pidiendo que lo bote. La respuesta a
esta insubordinación dentro de la administración pública fue el despido de
ella.
De inmediato, Vilcatoma se victimizó y empezó a
aparecer por televisión, radio y prensa escrita vistiéndose como “luchadora
contra la corrupción”. Recibió aplausos tras aplausos, pero nadie le cuestionó
su insubordinación. A medida que transcurría el tiempo, cada declaración suya
se volvía más política. Parecía evidente que quería participar en las
elecciones generales de 2016. Al final, doña Keiko F., ex congresista, hija
mayor del ex dictador Alberto Fujimori y lideresa del fujimorismo, presentó a
Vilcatoma como un nuevo rostro “fujimorista” para el Congreso.
Durante la campaña, la propuesta de Vilcatoma para
crear una “Procuraduría General de la República” constitucionalmente autónoma y
su paso por la procuraduría fueron funcionales a los intereses del fujimorismo,
que quería demostrar “compromiso” en la lucha contra la corrupción y que el
gobierno de Ollanta Humala fue el más corrupto de la democracia restaurada en
2001.
¿Qué salió mal?. Los fujimoristas no contaron que
Vilcatoma sea una mujer egocéntrica, manipuladora y falsa. Instalado el nuevo
Congreso, consiguió presidir la Comisión de Fiscalización y Contraloría. Tiene
un evidente afán de investigar y hasta perseguir a Humala y su esposa que raya
en lo personal. Después, cuando dos congresistas fujimoristas presentaron dos proyectos
de ley cada uno sobre “procuradurías autónomas”, Vilcatoma exigió que los
retiraran, porque su iniciativa era la única válida. Amenazó con renunciar,
pero el fujimorismo cedió.
Posteriormente, se peleó con la congresista Úrsula
Letona, también del fujimorismo. La acusó de querer “petardear su proyecto” y cargó contra el congresista Miguel
Torres, presidente de la Comisión de Constitución y Reglamento. La guinda del
pastel ocurrió cuando acusó de haberla amenazado al congresista Héctor
Becerril, otro fujimorista. Entonces el fujimorismo acordó someter a Vilcatoma
a proceso disciplinario. Para alguien con un concepto tan elevado de sí misma,
eso era inaceptable y anunció públicamente su renuncia.
Vilcatoma me recuerda a un abogado que comenzó como
secretario del Fiscal de la Nación y en 1985 fue elegido diputado por el
Partido Popular Cristiano, pero se convirtió en un elemento tan disociador que
acabó fuera. Con los años quiso hacerse fama de “moralizador”, pero hoy es
historia. Era Fernando Olivera.

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