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Llegó el trencito chu, chu ("ESPECIAL")

 

Finalmente, el alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, trajo sus trenes “donados” desde los Estados Unidos.

Cuando el primer embarque llegó al Callao, López Aliaga fue recibirlo y lucirse para fotógrafos o camarógrafos, acusó a sectores “de izquierda” de querer perjudicar a los limeños, siguió insultando por doquier y continuó repitiendo su burdo discurso anti-izquierdista.

Al día siguiente, en ceremonia ostentosa, López Aliaga presentó una locomotora y algunos vagones en el Parque de la Muralla, en el Centro de Lima. Contrató orquestas musicales y organizó una gran pachanga. Por supuesto, dio su mensaje, rodeado de su camarilla compuesta de congresistas, alcaldes y regidores metropolitanos. También hubo público: no más de quinientas personas. Posiblemente, fueron a ver y oír a los artistas, no a López Aliaga. Sin embargo, transcurrido el show, las locomotoras y los vagones irán a los almacenes de la concesionaria ferroviaria Ferrovías Central Andino, porque López Aliaga ya obtuvo sus fotografías y vídeos que necesita para su futura campaña electoral presidencial -y senatorial-, pero la ciudad obtuvo un material rodante viejo, contaminante, oneroso y nada más.

Si López Aliaga fuese el empresario que se jacta de serlo y no el “rentista” que sería, debiera haber planificado en papel todos los detalles de un significativo proyecto para movilizar miles de ciudadanos al este de Lima. Como no hay expedientes técnicos, ni siquiera planes elaborados, es una incógnita todo. ¿Quién operará las locomotoras y los vagones?, ¿dónde será almacenado el material rodante y cuánto costará el almacenamiento?, ¿cuánto costará el mantenimiento o la refacción de las locomotoras y los vagones?.

No es un asunto baladí: ¿con cuánta frecuencia diaria circularían los trenes?, ¿a cuánta velocidad (más de veinte kilómetros por hora, supongo?, ¿cuáles serían los horarios de circulación?, ¿dónde estaría el patio de ferrocarriles y los galpones de mantenimiento?, ¿cuánto costaría la tarifa (considerando si el servicio es autofinanciable o requeriría subsidio estatal)?, ¿dónde estarían los paraderos?, ¿cuándo serían construidos los paraderos, quiénes lo harían y cuánto costarían?, ¿toda la vía férrea está habilitada para vagones de dos pisos?, ¿qué sucedería con las viviendas cerca de la vía férrea cuando haya mayor circulación de trenes?, ¿qué sucederá con la vieja Estación Desamparados en el Centro de Lima, donde desde 2007 funciona la Casa de la Literatura?, ¿quién pagaría las pólizas de seguro contra accidentes que puedan sufrir los pasajeros?, etc.

No obstante, en la presentación, López Aliaga continuó con sus insultos y mentiras, porque él intuye que se juega su futuro político y hasta personal. La realidad está demoliendo sus palabras y, en este momento, la realidad está en el Ministerio de Transportes y Comunicaciones, quien normativamente regula en todo el país el transporte terrestre, marítimo, fluvial, aéreo y ferroviario. El Ministro de Transportes y Comunicaciones ha sido enfático: no hay certificaciones, no hay infraestructura apropiada, no hay administrador, no hay evaluaciones (López Aliaga despreció públicamente los expedientes técnicos diciendo que son cosa “de progres”), no hay nada.

En la historia de Perú destaca el papel del empresario estadounidense Henry Meiggs. Fue el gran artífice de la red ferrocarrilera peruana en las décadas de 1860 y 1870, que tras la guerra contra Chile quedaría obsoleta. No obstante, Meiggs, probablemente, fue uno de los más grandes “bribones” que pisó estas tierras. Más que buscar el progreso con los trenes buscó llenar su billetera.

Espero que López Aliaga no sea un “nuevo Meiggs”.

 

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