No llegamos a las elecciones
municipales y regionales del 05 de octubre, pero lo que vamos viendo desagrada
mucho.
Primero, miles de candidatos con
sentencia firme del Poder Judicial. Candidatos a alcaldías, regidurías,
presidencias regionales o consejerías regionales que han delinquido y aún no
terminan de pagar sus condenas. Ningún partido político se salva de ellos. Ni
siquiera los más antiguos y serios: el APRA, el Partido Popular Cristiano y
Acción Popular. Delitos desde peculado y cohecho (corrupción), pasando por
estafa o destrucción de propiedad pública o privada, hasta maltrato familiar y
violación sexual.
También hay quienes ya cumplieron
condenas o enfrentan procesos penales. Aquí hay casos de terrorismo o
narcotráfico. La Constitución de 1993 garantiza a todo condenado que ha pagado
su pena reinsertarse a la sociedad y ocupar cargos de elección popular, además
de la presunción de inocencia si no hubiese sentencia firme. Modificar la Ley
Orgánica de Elecciones de 1997 para impedir esas postulaciones sería
inconstitucional, pero los partidos políticos (sí, ésos) debieran “filtrar”
esas candidaturas, porque no benefician a la democracia.
No todos están manchados. También
está el “candidato-payaso” (como ese candidato municipal en Ancash que “cachaba”
con el pueblo) o el candidato que se parece mucho a los demás, porque ofrece lo
mismo: honestidad, eficiencia, transparencia. Bla, bla, bla.. Según el publicista
Alfonso Salcedo, son candidatos con campañas electorales “primarias”, que se
burlan de la inteligencia del electorado y que no tienen la más mínima idea de
qué harán si llegasen al cargo, excepto el beneficio particular.
Aunque los políticos subestimen
la inteligencia del electorado, la mayoría de electores saben elegir bien. En
Lima, el ex alcalde Luis Castañeda sigue encabezando la intención de voto con
59% (última encuesta de DATUM Internacional), seguido por la alcaldesa Susana
Villarán con 11%. Castañeda no declara ante los medios de comunicación y
prefiere recorrer lugares populosos de la capital y entablar contacto directo
con la gente. Sus contrincantes le piden “que hable”, pero él prefiere distinguirse
de los demás haciendo que recuerden “sus obras”. ¿Para qué hablar si esa
estrategia de campaña le funciona?. Además, de acuerdo con distintos políticos,
el voto por Castañeda sería un voto “castigo” contra Villarán.
¿No debiéramos oír “propuestas”?.
Por supuesto, pero si por propuestas entendemos más clichés (Sí a la seguridad
ciudadana, No a la corrupción), como dice Salcedo, mejor que se queden
callados. Todos sabemos que la descentralización iniciada en 2002 es mala,
pésima, pero ¿hemos escuchado propuestas de reforma? Ni siquiera en Lima, donde
muchos expertos son conscientes que 42 distritos son demasiados y que debiera
separarse las competencias de la Alcaldía de Lima respecto al centro de la
ciudad creando una alcaldía sólo para el centro, como ocurre en Colombia,
Venezuela o México.
Mejor me ocupo de asuntos “más
importantes”, como los líos amorosos del programa de TV “Esto es guerra”.


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