No sé por qué, pero la política
nacional, precisamente en la semana conmemorativa del Día Internacional de la
Mujer, está girando sobre el escándalo del congresista Yohny Lescano.
Una periodista asignada al Congreso
(su nombre se mantiene reservado) denunció públicamente que Lescano la acosaba
sexualmente. Mostró mensajes en la red social WhatsApp, donde constarían las insinuaciones sexuales del
congresista y su irrespeto como mujer.
Lescano, primero, negó todo.
Después culpó a sus custodios de la Policía Nacional de haber usado su teléfono
móvil para enviar esos mensajes grotescos. Posteriormente, aceptó que los
mensajes sí eran suyos, pero eran “bromas subidas de tono”. Al mismo tiempo,
culpó de “conspiración” a sus enemigos políticos: el APRA y el fujimorismo.
Finalmente, mostró otros mensajes -más antiguos- en WhatsApp, que intentarían probar el grado de amistad y cercanía
entre Lescano y la periodista.
Cada vez que Lescano se defiende, se
embarra más. Desde el año pasado el Código Penal de 1991 sanciona el acoso
sexual y tiene el agravante en su condición de congresista. Al final, el
Ministerio Público y el Poder Judicial tendrán la última palabra.
Sin embargo, hay un detalle que me
llamó la atención, corroborado por declaraciones de la abogada Rosa María
Palacios (saben que me desagrada, ¿no?), en todos los mensajes por WhatsApp: la mujer denunciante
consideraba “amigo” al congresista. Al margen del (supuesto) acoso sexual, pero
ella era una periodista creyendo tener una amistad con un político. Incluso
Palacios reconoce que es “normal” para los periodistas (¡a mala hora esa mujer
se metió al periodismo!) comunicarse a altas horas de la noche con un político
y entablarles amistad buscando alguna primicia noticiosa.
He ahí el error de la periodista
denunciante. Nunca debió hacer amistad con Lescano. Nunca debió entablar
amistad y tener cercanía con un político. Los periodistas no deben hacer
amistad con los políticos. Los políticos siempre se acercan a los periodistas buscando
popularidad o influencia en la opinión pública. Un periodista que hace amistad
con un político acaba tirando por la ventana la objetividad y el
profesionalismo en el periodismo.
¿Por qué ella se acercó a un
político?. Por desgracia, en el Perú muchos periodistas se acercan a los
políticos por afinidad ideológica o para saborear con ellos las mieles del
poder. Mejor dicho, dejan de ser periodistas para convertirse en
“propagandistas”. Ocurrió, por ejemplo, cuando Palacios y su amigo, el
economista Augusto Álvarez Rodrich (quien nos tildó de “incultos” a quienes
criticamos el último viaje oficial del Presidente de la República a España y
Portugal), hicieron amistad con la ex ministra de la Mujer, Susana Villarán, y
la defendieron “a morir” cuando ella fue Alcaldesa de Lima, entre 2011 y 2015.
¿Cambiará algo al respecto por el
escándalo de Lescano?. No creo. Los periodistas peruanos (profesionales o de
oficio) suelen ser soberbios y no acostumbran rectificar. Ojalá esa periodista
sí cambie su comportamiento frente a los políticos.

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