El Congreso ha iniciado un nuevo proceso de
destitución del Presidente de la República.
Con 87 votos a favor la Cámara admitió a debate la moción
para una destitución por “incapacidad moral permanente”. Como en diciembre
pasado la destitución se votará entre el tercer y décimo día de admitido el
pedido. Su Excelencia puede ir al Congreso y presentar sus descargos ante la
Cámara, como lo hizo la vez anterior. Se necesitan 87 votos para aprobar la
destitución. Este proceso fue regulado por sentencia del Tribunal
Constitucional en 2003.
Aunque se alude a la implicación del Presidente de la
República en el “escándalo Odebrecht” (la corrupción de la empresa constructora
brasileña entre 2005 y 2014) para alegar “incapacidad moral permanente”, hay
otras motivaciones: las dos facciones de izquierda radical quieren “castigar” a
Su Excelencia por el indulto humanitario al ex dictador Alberto Fujimori, a
pesar que la gran mayoría de la población ya lo aceptó. El fujimorismo y el
APRA están a la defensiva y necesitan demostrar fuerza política. También hay
quienes parecen perseguir fines más “mezquinos”, como los congresistas Víctor
Andrés García Belaunde y César Villanueva.
Posiblemente, el Presidente de la República consiga
los votos necesarios en la Cámara para impedir su destitución, con el apoyo del
fujimorismo disidente. Sin embargo, no sabemos si volvería a haber otro pedido
de destitución, porque la politización seguiría consumiendo al país. Por
desgracia, Su Excelencia no pudo mantener la iniciativa política tras el primer
intento de destitución. Hoy parece haber abdicado de esa función principal para
la cual fue elegido: gobernar. Aún faltan más de tres años para el final del
mandato.
Creo en la inocencia del Presidente de la República. A
pesar de dimes y diretes, todavía no aclaran cuál fue el acto de corrupción en
el cual estaría inmerso y cuáles delitos habría cometido. Que haya
investigación fiscal, pero hablamos de supuestos hechos anteriores al mandato
presidencial y hace más de diez años. Si hubiese delitos imputables, habrían
prescrito. Aunque Su Excelencia crea que no hizo nada malo y quiera defender su
honorabilidad, el Perú no puede vivir más tiempo en la zozobra.
Tal vez el Presidente de la República no debiera
descartar la RENUNCIA. A través un Mensaje a la Nación, puede anunciarlo cuando
considere el momento oportuno y sus razones para hacerlo. Pedir también a esos
políticos, intelectuales y periodistas que ahora exigen que se vaya respaldo
necesario para el sucesor constitucional. Haría recaer, principalmente, en el
fujimorismo y la izquierda radical la responsabilidad de mantener hasta el año
2021 al sucesor. Si acabáramos en elecciones generales anticipadas, ya
sabríamos a quiénes culpar.
Si Su Excelencia renunciase, probablemente, el
Congreso y los medios de comunicación no lo molestarían más. Puede parecerle
injusto, pero un político estadista es capaz de reconocer que intentó y no
pudo. Quizá su sucesor pudiese hacerlo un poco mejor que él.
Pronto sabremos el desenlace. Que Dios bendiga al
Perú.

No hay comentarios:
Publicar un comentario