Por la coyuntura política sobre la cuestión de
confianza negada al Presidente del Consejo de Ministros por el Congreso, otro
hecho pasó inadvertido.
El Tribunal Constitucional declaró parcialmente
inconstitucional la enmienda reglamentaria aprobada por el Congreso a fines del
año pasado prohibiendo la conformación de nuevas bancadas parlamentarias con
congresistas disidentes de sus partidos políticos. Quienes hubieran renunciado
a sus bancadas sólo les quedaba incorporarse a otras, porque no podían integrar
comisiones y los proyectos de ley que presentasen debían ser admitidos primero
por alguna bancada constituida. La enmienda fue hechura del fujimorismo. Acción
Popular, los "rojos mendocistas" (por la ex congresista Verónika
Mendoza) del Frente Amplio y algunos congresistas oficialistas presentaron una
acción de inconstitucionalidad contra la enmienda.
Ante la inminencia de la inconstitucionalidad de la
enmienda, el mismo día que el Tribunal Constitucional publicó la sentencia, el
Congreso aprobó otra creando la figura jurídica de la "bancada
mixta".
¿Qué es una "bancada mixta"?. La figura ha
sido copiada de España. Allá en el Senado y el Congreso de los Diputados
existen los "grupos mixtos". Es decir, senadores o diputados que
abandonen sus grupos parlamentarios o no alcancen el número mínimo para formar
grupo propio estarán dentro del "grupo mixto" conservando todas sus
prerrogativas como si estuviesen dentro de un grupo constituido, salvo que
estarán todos mezclados y no tendrán nombre propio.
¿Por qué la necesidad de estas enmiendas?. Desde el
retorno a la democracia en 2001 se ha visto un espectáculo ridículo dentro del
Congreso: congresistas renunciaban a sus bancadas o son expulsados, se
declaraban "independientes", varios "independientes"
solicitaban conformar una bancada y tenían el desparpajo de colocarle nombre,
como si tuviese base electoral. No había ningún incentivo para quedarse dentro
de la bancada o desincentivo por abandonarla. Los congresistas independientes hasta
se consideraban a sí mismos políticamente "sexys", porque no
"claudicaron en sus principios" y blá, blá, blá. Por eso la Cámara
podía terminar hasta con una docena bancadas parlamentarias. Entonces aprobar
proyectos de ley se volvía un suplicio. Había que convencer a todas las
bancadas parlamentarias, incluso a aquéllas que electoralmente no representaban
a nadie. Recuérdese que primero se vota por la lista electoral al Congreso y
después se vota por el candidato o la candidata a congresista, no al revés.
En este mandato legislativo la Cámara ha podido
aprobar hasta reformas constitucionales, principalmente, porque hay pocas
bancadas. Los "rojos mendocistas" consiguieron bancada propia frente
a los "rojos aranistas" (por el ex sacerdote católico y congresista
Marco Arana), pero ya no habrá más. A partir de ahora quienes abandonen sus
bancadas se irán a la "bancada mixta" o se incorporarán a otra
constituida.
Los partidos políticos están por encima de los
congresistas y el Congreso está por encima de los partidos políticos. Así debe
ser.

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