En medio de la pandemia viral COVID-19 en el Perú y sus terribles efectos, un escándalo político.
Por investigación periodística, la semana anterior conocimos que el Ministerio de Cultura había contratado a un personaje farandulero llamado Richard Cisneros, alías “Richard Swing”, para realizar “charlas de motivación” al personal administrativo. Cada charla de menos de una hora tenía un valor monetario aproximado de treinta mil soles, que Cisneros venía cobrando por varias charlas desde 2018 y en abril de este año, en plena pandemia, había cobrado e iba a seguir cobrando. Al final, la Ministra de Cultura canceló el contrato.
Según el periodista Humberto “Beto” Ortiz, Cisneros es un personaje con conexiones políticas. Sus nexos alcanzarían hasta el Gobierno nacional de ese “aventurero” llegado a la Presidencia de la República mediante la sucesión constitucional de 2018. Parece que todo empezó durante la campaña para las elecciones generales de 2016. De acuerdo con el ex congresista Juan Sheput, “Swing” era un marginal en el comando de campaña, pero compuso una canción (parece saber de música) y participó en algunos mítines de cierre de campaña. Tras los comicios, Cisneros desapareció, pero resurgió cuando el “aventurero” llegó al poder.
En su última “conferencia de prensa” el “aventurero” no pudo evitar responder la pregunta de un reportero sobre “Swing”. Insinuó no recordarlo, pero dijo algo bastante grave: el haber colaborado con la campaña electoral daba a Cisneros derecho a participar en algún nivel del Gobierno. Parece que sí, porque Sheput afirmó que a quien “Swing” visitaba en locales de campaña y giras proselitistas era al “aventurero”, entonces primer candidato vicepresidencial. Durante los veinte meses del gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, Cisneros no figuró y sólo lo hizo a partir de 2018. Favor con favor se pagó.
Aunque el caso de “Swing” no es atípico en la administración pública, me demuestra cuánto se ha distorsionado el fin para el cual el gobierno de Alan García impulsó en el Congreso la creación del Ministerio de Cultura en 2010: mala propuesta de la actriz y entonces congresista Elvira de la Puente. Al menos, el primer titular fue el antropólogo Juan Ossio. Al año siguiente, el gobierno de Ollanta Humala nombró a la cantante criolla Susana Baca como Ministra de Cultura. Renunció menos de seis meses después. Desde entonces los titulares del Ministerio de Cultura han sido gente poco competente o inepta, con algunas excepciones, como el actor y director cinematográfico Salvador del Solar en 2016. Por si fuera poco, un reciente decreto de urgencia autorizó con una partida presupuestal al Ministerio de Cultura el pago de un bono para artistas por la paralización de actividades culturales a causa del virus, pero hay un misterio sobre quiénes serían los artistas beneficiados.
Por
ahora la Ministra de Cultura ha puesto “su cargo a disposición”, pero no
renuncia. Tampoco el “aventurero” le ha pedido renunciar. En el Congreso piden su
interpelación y hasta su censura. Veremos qué ocurrirá.
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