Se cumplen 40
años de la muerte de un personaje poco conocido en nuestra historia
contemporánea: Pedro Beltrán.
Considerado
“la bestia negra” de “rojos” y “rojimios”, Beltrán nació en 1897. Hizo estudios
en el Colegio de los Sagrados Corazones de Lima. Estudió en la Universidad
Nacional Mayor de San Marcos. Viajó a Gran Bretaña para estudiar Economía en la
London School of Economics
graduándose de Bachiller en 1918. De regreso al Perú, se dedicó a la
administración de su hacienda Montalván, en Cañete. Fue presidente de la
Sociedad Nacional Agraria, entre 1927 y 1934.
Beltrán fue
un inquieto. En 1934 adquirió el diario La
Prensa, pero inicialmente estaba demasiado identificado con los intereses
agro-exportadores. Fue embajador peruano en Washington, Estados Unidos, entre
1944 y 1945. Renunció con el gobierno de José Luis Bustamante y Rivero, al cual
combatió desde el principio, a causa del apoyo político que le daban el APRA y
el Partido Comunista. Se dijo por mucho tiempo que Beltrán fue artífice del
golpe de estado de 1948, porque la dictadura del general Manuel Odría lo
nombraría Presidente del Banco Central de Reserva. Él siempre negó esta
acusación. Dimitió en 1950.
Fue en La Prensa, a partir de 1950, donde el
talento de Beltrán se desplegó. Modernizó la forma de hacer periodismo escrito
en el Perú: objetividad, separación entre editorial y noticia, columnas de
opinión, lenguaje sencillo. Beltrán formó una escuela de periodistas, quienes
después modernizarían otros diarios. Hasta el diario El Comercio, rival de La
Prensa, debió modernizarse para no quedar como un “papelote” obsoleto.
La Prensa
fue el primer difusor coherente del pensamiento liberal en el Perú: democracia,
instituciones, imperio de la ley, libertad de expresión; libre mercado,
apertura comercial, libertad de empresa, competencia, propiedad privada.
Conocido por su hablar tan “profesoral”, Beltrán quería inculcar en la
ciudadanía y las elites las ideas que creía adecuadas para la prosperidad y el
desarrollo del país. Fracasó. Incluso estuvo brevemente en la isla penal de El
Frontón en 1955.
No
obstante, si hubo oportunidad para su tenacidad y empeño: entre 1959 y 1961
Beltrán fue Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de Hacienda y
Comercio, con carta blanca en el manejo económico. Acabó con la inflación,
redujo el déficit fiscal, equilibró el presupuesto público, bajó aranceles de
importación y promovió la inversión privada. Aunque admirado afuera, dentro del
Perú sus ideas ya eran consideradas “retrogradas” o de “extrema derecha”.
Apasionado,
Beltrán se dejó arrastrar por la vorágine política, que en 1968 abrió las
puertas a la dictadura del general Juan Velasco Alvarado, la cual se ensañaría
con él. En 1969 la reforma agraria le quitó su hacienda Montalván. En 1971, por
orden del alcalde de Lima, Eduardo “Chachi” Dibós (nombrado por Velasco), fue
demolida su bella casona de la calle Velaochaga en el Centro Histórico, donde
vivía con su esposa y sin hijos. El tiro de gracia fue en 1974 cuando se le
despojó del diario La Prensa durante
el proceso de “socialización” de la prensa escrita.
Beltrán se
fue al extranjero. Vivió con su mujer en los Estados Unidos. Al iniciar 1979
volvió al Perú, pero falleció de un ataque cardíaco. Su cuerpo fue llevado al
local de La Prensa. Camino al
cementerio, hubo respetuosos aplausos para un hombre que en vida tuvo muchos
defectos, pero creía en el Perú.

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