Según la última encuesta de opinión de DATUM, el
retorno a la bicameralidad parlamentaria, tendría 50% de apoyo de los
sondeados.
Anunciado en Fiestas Patrias y después presentado
junto con otras iniciativas, el proyecto de reforma constitucional propuesto
por el Presidente de la República al Congreso para someter a referéndum tiene
la desaprobación de sólo 47%. Es probable que si se preguntase a la ciudadanía
en la consulta popular, la bicameralidad del Congreso sea aprobada. ¿Cómo es
posible si la bicameralidad era una iniciativa “impopular” hasta hace algunos
años?.
Hasta el golpe de estado del 05 de abril de 1992 el
Congreso se componía de un Senado y una Cámara de Diputados. Aunque la
propuesta de ahora no es similar al diseño bicameral de entonces, el propósito
es que los diputados aprueben proyectos de ley y los senadores los revisen. La
dictadura de Alberto Fujimori vendió al país un diseño unicameral sui generis plasmado en la Constitución
de 1993: un Congreso donde los proyectos de ley se debatan en comisiones
dictaminadoras, se voten en la Cámara y estén listos para promulgarlos. Nada de
segunda votación. Nada de doble debate. Nada de perder el tiempo.
Este diseño unicameral fue funcional a los intereses
de Fujimori, pero ¿qué ocurrió al volver la democracia en 2001?. Esta
unicameralidad sui generis mostró
falencias: la Cámara, paulatina y crecientemente, aprobaba proyectos de ley mal
elaborados o inconstitucionales. ¿Qué sucedió durante los gobiernos de Valentín
Paniagua, Alejandro Toledo, Alan García y Ollanta Humala contra la pobre
calidad legislativa?.
Aumentaron la observación de leyes por el Poder
Ejecutivo y las acciones de inconstitucionalidad ante el Tribunal
Constitucional. O sea, los ministros o los magistrados constitucionales empezaron
a actuar como senadores “revisando” las leyes defectuosas recién aprobadas. En
2005 se estableció por reglamento interior la segunda votación en la Cámara,
pero puede exonerarse si una mayoría de congresistas vota a favor. Generalmente,
el Congreso se allanaba a las observaciones, cumplía sentencias de
constitucionalidad o votaba la iniciativa por segunda vez.
En 2016, con el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski y la
mayoría absoluta fujimorista, la dinámica en el Congreso varió y el esquema
unicameral se ha pervertido: constantes exoneraciones de segunda votación,
proyectos de ley aprobados sin dictamen, frecuentes leyes promulgadas por
“insistencia” en la Cámara, “argucias legislativas” para burlar sentencias de
constitucionalidad. Leyes mediocres, inútiles o inconstitucionales.
Aunque el fujimorismo ya no tiene mayoría absoluta en
la Cámara, con su numerosa bancada aún hace y deshace en el Congreso. Esa
evidente prepotencia y soberbia de quienes creen que todos estamos equivocados
excepto ellos, sería la explicación de por qué ha subido el número de personas
que hoy aceptaría la bicameralidad: es una manifestación de rechazo a los
fujimoristas, tradicionalmente defensores de la unicameralidad.
Mejor dicho, defensores de este diseño unicameral “a
la mala”.



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