25 años del “Andahuaylazo”

 

Hace veinticinco años el ex mayor Antauro Humala escribió un pie de página en la historia de la vergüenza y el ridículo en Perú: la asonada de Andahuaylas en 2005.

En el Año Nuevo de 2005, “Antaurito” y una decena de integrantes de sus batallones de reservistas armados asaltaron la comisaría central de Andahuaylas, secuestró a todos los efectivos de la Policía Nacional dentro (se dijo que éstos estuvieron bebiendo en horas de servicio) y difundió su proclama al país.

¿Qué quería “Antaurito”?. En su proclama, exigía que “se levante en armas el ejército reservista etno-nacionalista”. En pocas palabras, soñaba que había miles de reservistas de las Fuerzas Armadas que “se levantarían en armas”. Adicionalmente, fantaseaba con que el alto mando militar derrocaría el gobierno de Alejandro Toledo (quería “cargarse” la Constitución de 1993 y la democracia restaurada en 2001) y cerraría el Congreso, restablecería la Constitución de 1979 y constituiría una Junta de Gobierno. Por último, supuso que millones de ciudadanos saldrían a las calles de Lima y las distintas ciudades a respaldar la asonada.

En cierta manera, “Antaurito” estaba jugando al “montonero”, como un levantisco más del siglo XIX. En cierta forma, quería regresar al Perú anterior a la Revolución de 1894. Por desgracia, ese pensamiento retrogrado y fascistoide costó varias vidas.

¿Qué hizo creer a “Antaurito” que miles de reservistas militares acudirían a su llamado?, ¿qué le hizo asumir que las Fuerzas Armadas lo seguirían?, ¿qué le hizo pensar que la gran mayoría de la ciudadanía tomaría en serio a un desquiciado sujeto que se jactaba públicamente de “arrasar con prostitutas”, prometía fusilar homosexuales y alucinaba con hacer la guerra a Chile?.

Pese a que hubo algunos cientos de personas en Andahuaylas que aplaudieron a “Antaurito”, la asonada nació muerta. Las Fuerzas Armadas se “pronunciaron” contra la asonada. Desde Lima fue enviado un pequeño contingente del Escuadrón Verde de la Policía Nacional. Reservistas antauristas en la entrada de la ciudad actuaron como francotiradores y dispararon a cuatro policías, a quienes, heridos, “Antaurito” ordenó rematarlos. Fue entonces cuando comenzaron las deserciones. Quienes horas antes habían aclamado a “Antaurito” y hasta lo alzaron en hombros, desaparecieron. Cuando el fracaso de la asonada era evidente, “Antaurito” y quienes aún le acompañaban se rindieron ante el alto mando policial. Fueron arrestados y, posteriormente, procesados penalmente por el Ministerio Público y sentenciados por el Poder Judicial. “Antaurito” estaría preso por la asonada y los asesinatos hasta 2022.

Con tal fiasco político y armado, ¿este sujeto es quien hace temblar de miedo a los sectores “de derecha”?. Algunos de sus reservistas, presos por la asonada de Andahuaylas en 2005, fueron elegidos al Congreso extraordinario en 2020.

Si “Antaurito” será candidato a una senaduría o una diputación el siguiente año, allá quienes le voten. Votarían a un inútil sanguinario, responsable de un hecho sin trascendencia en la historia de Perú.

 

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