A consecuencia de la agresión física sufrida por la Presidenta de la República en Ayacucho (como debe enfrentar la justicia, la agresora ahora dice que no agredió), las facciones incendiarias de la izquierda radical están envalentonadas.
Ya aparecieron sindicatos, federaciones de no se sabe qué, “comités de lucha”, también los agrupados en los siniestros (maoístas) “frentes de defensa”, a amenazar que la Presidenta de la República no viaje a tal o cual lugar del país, porque no sería bien recibida. Hablan a nombre de un espectral “pueblo”, pero son esta gentuza quienes no representan a nadie ni les eligió nadie.
En Cusco, las mismas facciones incendiarias de izquierda radical que desataron conatos de revuelta y focos insurreccionales en los meses siguientes a la caída del incompetente, corrompido e ideologizado gobierno de Pedro Castillo el 07 de diciembre de 2022, arropadas en asociaciones con títulos ampulosos, rechazan que Su Excelencia, a quien tildan de “asesina” por la represión militar y policial, viaje para allá. Los mismos “rojos”, demagogos y bochincheros, quienes ahora rechazan la venta de boletos a la ciudadela inca de Machu Picchu a través de una plataforma virtual, porque no beneficia a los empresarios turísticos mercantilistas, que sueñan con “cargarse” hasta la línea férrea y los operadores ferroviarios para convertirse en “amos y señores” del acceso al complejo arqueológico. Esos “rojazos”, quienes hace un año hasta agredían físicamente a turistas extranjeros, ahora la han emprendido contra el presidente regional, a quien acusan de “traidor”.
En Puno, las facciones incendiarias de izquierda radical exigen al gobierno regional y los gobiernos locales que la Presidenta de la República no sea invitada a la Festividad de la Virgen de la Candelaria: una celebración que, por cierto, éstos “se cargaron” hace un año por sus violentas protestas y sus pantomímicas “tomas de Lima”. En Lima, el sindicato magisterial del Movimiento por la Amnistía y los Derechos Fundamentales (MOVADEF), heredero ideológico de los terroristas de Sendero Luminoso en las décadas de 1980 y 1990, no descarta “salir armados” a luchar contra aquello que los “rojos” llaman “dictadura cívico-militar”.
Por precepto constitucional, la Presidenta de la República representa a la Nación, más allá de ideologías o simpatías políticas. Es inaceptable que la izquierda radical quiera prohibir a Su Excelencia recorrer el país. Si los “rojos” osan amenazar a Su Excelencia, da escalofríos imaginar con qué nos amenazarían a nosotros, ciudadanos comunes y corrientes. Son los mismos “rojazos” que hace un año no les importaba destruir propiedad pública o privada, enfrentarse a las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional y aterrorizar a la ciudadanía para alcanzar sus objetivos políticos.
A sectores
“de derecha” no les molestan los “rojos” incendiarios, porque más “peligrosa”
es la soberbia y ensimismada “progresía” limeña. A quien escribe, sí, porque
deben prevalecer sobre ellos la democracia, las instituciones y el imperio de la
ley o estamos perdidos.
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