Esos gringos no son amigos

 

Por aclamación, fue elegido Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA) el diplomático surinamés Albert Ramdin por el siguiente quinquenio.

Ramdin sucederá a su colega uruguayo Luis Almagro, quien ha estado al frente de la OEA durante diez años y cuya gestión ha tenido muchas luces, pero bastantes sombras. En dos meses estaría juramentando.

En Surinam, pequeño país, antiguo territorio ultramarino de Holanda, Ramdin ha sido Ministro de Relaciones Exteriores desde 2020 bajo el izquierdista gobierno de Chandrikapersad Santokhi. A diferencia de Almagro, a Ramdin no se le conoce por una férrea defensa de la democracia, los derechos humanos y las libertades individuales. Capitaneados por Brasil y México, varios países cambiaron sus votos inicialmente comprometidos para el economista paraguayo Rubén Ramírez, quien es Ministro de Relaciones Exteriores bajo el gobierno de Santiago Peña. Antes de ir a la votación y aceptando haber perdido respaldo político entre los integrantes de la OEA, Paraguay retiró la candidatura de Ramírez.

La victoria de Ramdin y la declinación de Ramírez pasaron inadvertidas para los Estados Unidos. La administración Donald Trump no está interesada en potenciar la OEA. Incluso la elección de Ramdin se hizo con la anuencia de la Casa Blanca y el State Department, pese a las diferencias ideológicas. Parece que los Estados Unidos nunca contemplaron el apoyo a Ramírez. Por su parte, Perú prefirió desde el principio respaldar a Ramdin.

La elección de Ramdin conlleva otro mensaje político que no ha sido correctamente leído: la administración Trump no hará nada para alentar a sus simpatizantes fuera de los Estados Unidos, menos en el subcontinente de América Latina. Exceptuando al presidente argentino Javier Milei, Trump no tiene amigos latinoamericanos conocidos, aunque haya muchos prójimos en estas latitudes que se alucinen “amigos de Trump”.

En Perú, los sectores “de derecha”, quienes imaginan que Trump los apoyará o que tienen un “amigo” en la Casa Blanca, están muy equivocados. Basta ver las buenas migas que Trump ha hecho con la presidenta mexicana izquierdista Claudia Sheinbaum, mientras actuó como un matón contra el presidente panameño José Raúl Mulino, un político de derecha.

En este momento, las prioridades geopolíticas de los Estados Unidos están en Europa y Asia sudoriental, no en América Latina. Trump respeta a quienes considera tienen tanto firmeza y tanta decisión como él. Su amiga es la primera ministra italiana Giorgia Meloni, no el presidente dominicano Luis Abidaner. Su enemigo es el presidente chino Xi Jinping, no el dictador venezolano Nicolás Maduro. A la Casa Blanca le interesan los comicios en Alemania, no en Ecuador. Con Trump no habrá una “solidaridad derechista” sino el retorno al imperialismo de los tiempos de William McKinley y Theodore Roosevelt. Por supuesto, Perú no figura ni en los mapas del Despacho Oval.

Si los sectores “de derecha” peruanos van camino al suicido político, en la Casa Blanca y el State Department lo contemplarán con binoculares.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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