Según todas las encuestas de opinión, la Presidenta de la República es bastante impopular.
Esa impopularidad varía dependiendo de los niveles socioeconómicos, las edades o las localidades del país, pero es demasiado elevada. Sin embargo, estos estudios demoscópicos no sondean el por qué. Mejor dicho, ¿por qué la Presidenta de la República es tan impopular?.
Analicemos las causas. Quienes hasta el 07 de diciembre del año pasado aún apoyaban el incompetente, corrompido e ideologizado gobierno de Pedro Castillo, aprueban la intentona golpista de ese día y no estuvieron de acuerdo con la destitución y la sucesión constitucional, difícilmente, respaldan a la Presidenta de la República. Aquí está todas las facciones de izquierda radical, quienes consideran a Su Excelencia una “traidora”.
Tampoco apoyan a la Presidenta de la República quienes querían elecciones generales anticipadas. Acuérdense cómo la abogada Rosa María Palacios, conspicua agente de la soberbia y ensimismada “progresía” limeña, bramaba contra la mandataria por haber jurado su alto cargo para “completar el mandato hasta 2026”, pese a que la Constitución de 1993 señala que ella debe completar el mandato quinquenal. Adeptos al “adelanto electoral” reprochan que Su Excelencia no se la haya jugado por la reforma constitucional para adelantar los comicios o no renunciase.
De igual modo, quienes gritan que hubo “violaciones a los derechos humanos” cometidas por las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional cuando reprimieron las turbas de izquierda radical causantes de conatos de revuelta y focos insurreccionales en distintos puntos del país en los tres meses posteriores al 07 de diciembre no aprueban a la Presidenta de la República y su Gobierno.
Al otro lado del espectro ideológico, quienes en sectores “de derecha” se consideran “anticomunistas” o sólo “anti-izquierdistas” no quieren a la Presidenta de la República, porque no ha deslindado suficiente de su antecesor o, simplemente, porque no es una de ellos. Acá también están quienes querían comicios anticipados, pero habiendo renunciado ella para que el Presidente del Congreso asumiese la Presidencia de la República, se instalase un Gobierno interino y se nos llamase ante las ánforas.
¿Tanta impopularidad puede ocasionar la caída?. No necesariamente. Desde el retorno a la democracia en 2001 varios gobiernos nacionales no cayeron, pese a su baja aprobación ciudadana. ¿La Presidenta de la República podría caer?. Creo sí, pero cuando distintos intereses (entre quienes la toleran y quienes no) se alineen para alentar otra sucesión constitucional y escojan el sucesor.
Nota aparte: doña Keiko F., ex congresista y lideresa del
fujimorismo, dijo públicamente que el Congreso no tiene “legitimidad” para
aprobar la bicameralidad, pero no ordena a su bancada que desista de esa
iniciativa de reforma constitucional. Asimismo, el alcalde de Lima, Rafael
López Aliaga, rechaza la reciente ley para otorgar armas no-letales a serenos
(concuerdo con él), pero su bancada la promovió en el Congreso. ¿En qué quedamos, señores?.
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