Transición de mentiras

 

Era inicios de 2020. Estábamos en plena campaña para la elección parlamentaria.

El 30 de septiembre de 2019 el gobierno de Martín Vizcarra “se cargó” el Congreso forzando la disolución de la Cámara y, conforme a la Constitución de 1993, convocó a elección extraordinaria. Fue entonces cuando escuché al sociólogo Juan de la Puente en una entrevista por la radioemisora privada RPP.

De la Puente, director del portal web www.patamarilla.com, es un insigne representante de la “progresía” limeña más militante, hablaba sobre el momento político y llamó mi atención cuando éste insinuó que estábamos en una “nueva transición”. “Nueva transición”, ¿oí bien?. Sí, porque incluso comparó nuestro momento político de entonces con la transición chilena entre 1988 y 1990. Las transiciones políticas son el periodo de tránsito entre regímenes políticos, más allá de un cambio de gobierno. El Perú tuvo la última transición entre 2000 y 2001 con el retorno a la democracia.

Entonces, ¿qué quiso decir De la Puente?. No le entendí hasta los sucesos de noviembre de ese año cuando la “progresía” limeña se valió de los grandes medios de comunicación para alentar la violencia de la muchachada tirapiedras de siempre en las calles del Centro de Lima y protestas en los distritos limeños mesocráticos, “cargándose” primero el gobierno de Manuel Merino y después instalando el gobierno de Francisco Sagasti. Cuando De la Puente insinuó sobre la “nueva transición” hablaba sobre el tránsito de la democracia como la hemos conocido desde 2001 hacia un nuevo régimen político, donde solamente los políticos vinculados a la “progresía” limeña (como el Partido Morado, por ejemplo) y nadie más que ellos gobiernen.

Intelectuales como De la Puente creían que los políticos vinculados a la “progresía” limeña se harían en 2020 -mínimo- con la mayoría simple en la Cámara. No ocurrió. Creyeron que un político “progre” ganaría la elección presidencial o, mínimo, pasaría a la segunda vuelta electoral el año pasado o que políticos “progres” se harían -mínimo- con la mayoría simple en la Cámara. Tampoco ocurrió. Por eso la “progresía” limeña más militante detesta al actual Congreso desde su instalación.

Por eso la “progresía” limeña más militante insiste que la única salida a la actual crisis política e institucional ocasionada por el “hombre sin sombrero” que ocupa la Presidencia de la República y su incompetente, corrupto e ideologizado Gobierno es el “adelanto de elecciones generales” para responsabilizar al Congreso. De esa forma, cuando vuelva a haber otra elección parlamentaria, ante el descrédito de las facciones de izquierda radical y los sectores “de derecha”, los políticos vinculados a la “progresía” limeña -por fin- podrían hacerse con una mayoría en la Cámara e iniciar la “nueva transición”. De paso, la “progresía” limeña salvaría su relato de noviembre de 2020, según el cual “luchó por la democracia”.

Sin embargo, cuando llegue el momento la caída del “hombre sin sombrero” será precipitada e intempestiva. No habrá tiempo para planear ninguna “nueva transición”.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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