Con comunistas, no

 

Seguramente, ha oído la expresión “Mil veces un 'rojo' que un 'progre'” de boca o puño y letra de algún atorrante “derechista”.

Parece fue la lógica política imperante en la elección de la nueva Mesa Directiva del Congreso unicameral. Un “centrista” es el nuevo Presidente de la Cámara (pronto hablaremos más sobre el congresista Alejandro Soto) acompañado de dos congresistas “de derecha”: Hernando Guerra García y Rosselli Amuruz. Sin embargo, al medio está el congresista Waldemar Cerrón, auto-declarado marxista-leninista y hermano del corrupto ex presidente regional de Junín, Vladimir Cerrón, comunista estalinista. Este cuadrinomio venció a otro, “rojo”, por 77 votos sobre 39.

Por supuesto, la soberbia y ensimismada “progresía” limeña, a través de los grandes medios de comunicación y las redes sociales, ha cuestionado el cuadrinomio ganador, que también genera fricciones entre las bancadas “de derecha”. No obstante, si hubo voces “de derecha” en la opinión pública, más anti-izquierdistas que anti-comunistas, justificando ese cuadrinomio y aplaudiendo su victoria, muestran solamente que, por desgracia, no tienen idea de qué es el comunismo.

A diferencia de otros políticos de izquierda radical, Cerrón (el jefe partidario, no el hermano legislador), formado doctrinariamente en Cuba, tiene una idea más clara de qué quisiera hacer si alcanzase el poder. Como buen marxista-leninista, tiene un proyecto político medianamente estructurado. Sobre todo, un objetivo definido: alcanzar el poder. Si por ello es necesario “copar” las instituciones y torcer el imperio de la ley para el activismo político, lo hará. Si también es necesario eliminar a sus adversarios “rojos” para conseguirlo (Cerrón ha repetido varias veces que él no desea reeditar la alianza Izquierda Unida de la década de 1980), no dudará. 

Un comunista (estalinista, maoísta, trotskista o neo-marxista) no cree en la democracia, porque la considera “el régimen político de la burguesía para la explotación capitalista”. Ese régimen debe evolucionar hacia otro donde la burguesía haya sido “sometida” y su dominio “dictatorial” sea suplido por el “poder popular” (una dictadura “roja”) para construir el socialismo. Como una parte de la burguesía, considerada más “agresiva” y “opresora”, resistirá (a la cual se tildará de “fascista”), se la reprimirá, perseguirá, encarcelará y hasta matará. He ahí la esencia del comunismo: mentira y terror. 

Intoxicados por su odio a todo lo “progre” o “postmoderno”, sectores “de derecha” son capaces de juntar las ovejas con un lobo (Cerrón tiene a su hermano como una extensión de sí mismo en el Palacio Legislativo) dentro de un corral. Por eso el esperpéntico espectáculo de las juramentaciones: Amuruz juró defender la Constitución de 1993 (su padre fue un hombre de la dictadura de Alberto Fujimori), pero minutos antes Waldemar Cerrón había jurado por impulsar un proceso constituyente y una nueva Constitución.

Este cuadrinomio no es realpolitk sino la ausencia de valores, la claudicación de ideas y una ignorancia imperdonable de la historia.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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