Que linda es mi bandera ("ESPECIAL")

 

07 de junio, Día de la Bandera, las redes sociales Facebook, Twitter, Instagram y hasta Tik Tok se llenaron de halagos a la bandera del Perú.

Diseñada en 1825 por la dictadura del libertador venezolano Simón Bolívar, los colores están cargados de simbolismo: rojo y blanco por la Cruz de Borgoña, emblema de los ejércitos del Rey de España. Rojo también por la insignia inca, la mascapaicha. Además, rojo por los colores de Castilla, el reino dominante de la España de entonces, y blanco por el color de la familia de los Borbones, la dinastía reinante española. Por supuesto, la gran mayoría de peruanos y peruanas ignora estos orígenes. Para ésta, la bandera rojiblanca encarna el Perú, con su gente, sus costumbres, sus tradiciones, su territorio.

¿Por qué esta inusitada muestra de patriotismo con la bandera?. Quizá, porque en los últimos años la izquierda radical, renegando de la peruanidad, ha pretendido “de-construir” la bandera, variando todo o parte de sus elementos, para darle un significado distinto o, simplemente, sustituirla por otra enseña. Por ejemplo, en 2017 y 2018 se volvió habitual ver en las "marchas contra la corrupción" alentadas por la izquierda radical a los manifestantes portando unas banderas, en las cuales el color rojo había sido reemplazado por el color negro. Según ellos, una forma de protesta por la corrupción administrativa de los políticos.

Actualmente, en Puno manifestantes alentados por la izquierda radical se han paseado e, incluso, han intentado izar ese trapo negro y blanco, como si fuese la bandera nacional. De acuerdo a ellos, una forma de protesta por las muertes durante las violentas manifestaciones en enero y febrero contra la Presidenta de la República y el Congreso, que fueron reprimidas por las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional.

Precisamente, en Puno, antes de recurrir al trapo negro y blanco, la izquierda radical levantó la Wiphala, una bandera neo-indigenista de origen boliviano, diseñada hace más de cuarenta años a partir de símbolos prehispánicos convertidos en emblema durante el periodo español. Hoy la Wiphala tiene un significado político izquierdista en toda la zona andina por movimientos sociales indígenas. En Bolivia es símbolo patrio desde la Constitución de 2009. En el Perú, el año pasado, el gobierno de Pedro Castillo decretó que la Wiphala es un símbolo de los “pueblos originarios”, pese a que esa enseña no forma parte de nuestra historia ni nuestra memoria.

En el Congreso, las bancadas de izquierda radical pretenden convertir la Wiphala en un “símbolo patrio”. Por eso, cuando el desatinado congresista Juan Carlos Lizarzaburu comparó la Wiphala con un “mantel de chifa” (creo el hombre nunca fue a un “chifa”), “rojos” y “rojimios”, dentro y fuera del Palacio Legislativo, le saltaron al cuello. A ellos no los vimos reaccionar así cuando el año pasado la congresista Nieves Limachi propuso cambiar la bandera rojiblanca por un asqueroso trapo tricolor parecido a la bandera boliviana.

Como dije, la gran mayoría de peruanos y peruanas no sabrá los orígenes de la bandera nacional, pero sabe que representa al Perú. Colores rojo y blanco, que cuando la selección de futbol los viste en sus camisetas emocionan a multitudes. Colores rojo y blanco por cuales pelearon y murieron soldados en la guerra contra Chile o la lucha contra el terrorismo comunista en las décadas de 1980 y 1990. Colores rojo y blanco que también estuvieron en las reivindicaciones sociales de las décadas de 1960 y 1970 o en la transición hacia la democracia entre 2000 y 2001.

¡Viva la rojiblanca!, ¡viva el Perú!.

 

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