¿Recuerdan a la ex congresista Rosa Bartra?. Hasta 2019 integrante de la bancada fujimorista. Autoproclamada “de derecha”.
Bartra se hizo conocida por presidir en el Congreso la segunda comisión investigadora sobre el “escándalo Odebrecht” y la “operación Lava Jato”, la cual convirtió en una especie de “tribunal ad hoc” para señalar como “corruptos” a todos los enemigos políticos de doña Keiko F., ex congresista y lideresa del fujimorismo. Desde ese puesto Bartra contribuyó con más de un granito de arena para forzar la caída del gobierno de Pedro Pablo Kuczynski en 2018.
Posteriormente, Bartra presidió la Comisión de Constitución y Reglamento, donde dejó su (mala) impronta en las reformas constitucionales ratificadas por el Referéndum de 2018. Al final, la carrera política de Bartra terminó el 30 de septiembre de 2019 cuando el nefasto gobierno de Martín Vizcarra forzó la disolución de la Cámara y “se cargó” el Congreso. Cuando fue convocada la elección para el nuevo Congreso, Bartra postuló, con otra marca partidaria (había renunciado al fujimorismo), para recuperar su escaño. Pagó publicidad electoral donde ella se proclamaba el “azote” de “rojos” y “progres”. Supongo pensó canalizar el voto anti-izquierdista en los sectores “de derecha”. Sin embargo, la nueva marca de Bartra, apenas, consiguió 1.49% de votos válidos y ella quedó lejos de la candidatura más votada.
Perú no se
había “izquierdizado”, como erróneamente supuso, por ejemplo, Víctor Andrés
Ponce, director del portal web
político elmontonero.pe.
Simplemente, el votante “de derecha” había dado la espalda a quienes creía ya
no le representaban. Prefirió opciones políticas más afines con sus ideas o
preferencias del momento. Además, la derrota electoral de Bartra significó que
los discursos anti-izquierdistas no calan más allá de una pequeña minoría
reaccionaria “de derecha”.
¿Por qué esta reseña?. Los sectores “de derecha” van camino a repetir el mismo error político de 2020. Primero, están convencidos que tiene un “votante cautivo”, porque -por ahora- son las únicas opciones “de derecha” en el espectro político. No conciben que pueda surgir hasta la campaña electoral de 2026 una fuerza política “de derecha” ajena a éstos. Desean que los votantes “de derecha” les voten, porque no hay nada más en ese lado del espectro político.
Segundo, los sectores “de derecha” continúan apelando a los discursos anti-izquierdistas: todos los males del país son culpa de los sectores “de izquierda”. Los sectores “de derecha” son “prístinos”, casi “patricios”: no tienen responsabilidad de nada, pese a que hay un Alcalde de Lima “de derecha”, quien tiene casi año y medio sin saber qué hacer en el cargo, y son uno de los soportes políticos de la Presidenta de la República y su Gobierno políticamente débil desde la sucesión constitucional de 2022.
En los próximos comicios el electorado dará una paliza a esos sectores “de derecha” y ahí no valdrán sus pretensiones de supremacismo político ni sus vacuos discursos anti-izquierdistas.
Si no,
pregunten a Bartra.
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