¿Por qué no ha caído Dina Boluarte?

 

La izquierda radical, con sus turbas, la violencia callejera y la destrucción de propiedad pública o privada, tiene como uno de sus objetivos políticos la renuncia de la Presidenta de la República.

La soberbia y ensimismada “progresía” limeña, siempre persiguiendo sus intereses de elite, coqueteó con la renuncia de la Presidenta de la República. Pensó que se repetirían los sucesos de noviembre de 2020, pero no ocurrió. A dos meses de su ascensión, la Presidenta de la República y su Gobierno han soportado los conatos de revuelta y los focos insurreccionales alentados por la izquierda radical y las intrigas políticas de la “progresía” limeña. ¿Por qué?.

Un primer factor sería el Presidente del Consejo de Ministros, quien se han convertido en el pilar del Gobierno nacional. Abogado, ministro de Defensa durante el gobierno de Ollanta Humala y antiguo militante “rojo”, ha mostrado más habilidad política de la esperada. Sabe quiénes son los enemigos y en quiénes puede confiar. Según trascendidos palaciegos, fue el Presidente del Consejo de Ministros quien convenció dos veces a la Presidenta de la República que no renuncie. Además, es el Presidente del Consejo de Ministros quien le ha garantizado al Gobierno nacional el respaldo casi incondicional de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, decisivas para la caída del gobierno de Pedro Castillo.

Otro factor está en los grandes medios de comunicación, quienes directa o indirectamente respaldan a la Presidenta de la República. Éstos también sienten alivio por la caída de Castillo y quieren que acabe la conmoción interna en el país. No hay consenso entre hombres y mujeres de prensa que la renuncia de la Presidenta de la República “aplaque” a las turbas de izquierda radical. El respaldo del empresariado también es importante. Libre de la amenaza “roja” de Castillo, quiere que vuelva la paz social y cree que la renuncia conduciría a la anarquía.

También otro factor poco o nada considerado en el análisis político: el Presidente del Congreso. Si renunciase la Presidenta de la República, se produciría la sucesión constitucional y correspondería reemplazarla al Presidente del Congreso, quien –seguidamente- deberá convocar a elecciones. La Constitución de 1993 no indica que esos comicios deban celebrarse inmediatamente ni si serían comicios presidenciales o también parlamentarios. Quien actualmente preside el Congreso es un militar derechista, rechazado tanto por la izquierda radical como la “progresía” limeña. Respaldado por las bancadas “de derecha” como algunas “centristas”, el Presidente del Congreso ha expresado públicamente que no renunciará ni declinaría asumir la Presidencia de la República si le tocase. Mientras no se defina la sucesión, los pedidos para que la Presidenta de la República renuncie no tendrán mayor eco. Los llamados a un “sucesor de consenso” en el Congreso no son factibles y la instalación de una “Junta de Gobierno” es fantasiosa.

¿La Presidenta de la República podría caer posteriormente?. Sí, pero en otro contexto y por otras circunstancias.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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