Perú no está bien

 

No estamos bien, Perú no está bien. Aquí un par de ejemplo ilustrativos.

En el verano el Congreso removió a dos integrantes de la Junta Nacional de Justicia. Pese a la pretensión de los promotores, quienes querían remover a todos, la Cámara aprobó la remoción de solamente dos. Antes que la Junta juramentase los nuevos integrantes, los removidos y su influyente abogado presentaron una acción de amparo ante el Poder Judicial consiguiendo que fuera declarada fundada en primera instancia y se les otorgase una medida cautelar para la restitución 

Es contrario a la Constitución de 1993 y al Código Procesal Constitucional de 2021 que las acciones de amparo se utilicen para “suspender” resoluciones legislativas del Congreso. El juez habría prevaricado, sin mencionar las implicancias jurídicas que dos reintegrados provisionalmente (falta el fallo en segunda instancia) firmen resoluciones nombrando, ascendiendo, sancionando o removiendo fiscales y jueces. El Tribunal Constitucional intervino y la embarró más.

La mayoría de magistrados declararon fundada la acción de competencias presentada por el Congreso contra el Poder Judicial y ellos han levantado la “suspensión” de la resolución legislativa y, además, revocaron la medida cautelar. La Constitución de 1993 no permite que un órgano jurisdiccional intervenga en una causa pendiente por otro órgano jurisdiccional. Por tanto, una medida cautelar otorgada por el Poder Judicial solamente puede ser revocada judicialmente. Los magistrados constitucionales se excusan alegando que el Tribunal Constitucional es el “máximo y último intérprete constitucional”: un “sofisma”, que no está en la Constitución de 1993, pero fue incluido en la ley orgánica de 2004.

Por otro lado, la franqueza del Ministro de Economía y Finanzas es casi enternecedora: públicamente, reconoció que el Gobierno nacional es “débil”. ¡Música celestial para los enemigos políticos!. También dijo creer que la Presidenta de la República oye más a su antecesor que a él. Entonces, ¿por qué no renuncia?. Uno de quienes querrían obtener ventajas de la “debilidad” política de la Presidenta de la República y su Gobierno es el Alcalde de Lima, quien (por ahora) ha dejado de hacer el ridículo -y avergonzar- intentando “cargarse” una de las dos concesiones viales en la ciudad y está desesperado para que el Ministerio de Economía y Finanzas autorice un mayor endeudamiento para la comuna capitalina.

En pocas palabras, el Alcalde de Lima quiere dinero para “hacer sus obras” y no le importa que todos paguemos con nuestros impuestos largos años, por ejemplo, más avenidas amplias y más pasos a desnivel vehiculares, que la ciudad no necesita.

Por todo eso no sorprende que la agencia calificadora de riesgo Standard & Poor's haya rebajado la calificación crediticia de la deuda externa peruana. Las otras dos agencias, Moody's y Fitch Rating's, no han variado sus calificaciones, pero todas advierten que la institucionalidad y el sistema político se están convirtiendo en la gran debilidad de Perú.

Díganme, ¿estamos bien?, ¿el país está bien?.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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