Adiós a una leyenda urbana ("ESPECIAL")

 

Sí, una leyenda urbana fue la tantas veces cacareada por políticos, intelectuales, periodistas y gente del común “reforma de transporte” en Lima.

El gran símbolo de la mentada “reforma del transporte” fueron los corredores viales o corredores complementarios: un conjunto de consorcios a quienes se les otorgó en concesión un paquete de rutas de transporte público por distintos puntos de Lima. Como escribí tiempo atrás en esta columna de opinión, inicialmente, eran más corredores, pero, tras decisiones políticas y administrativas, quedaron en cinco: los llamados “corredor azul”, “corredor rojo”, “corredor morado”, “corredor amarillo” y “corredor verde”.

Diez años después que la Municipalidad Metropolitana de Lima implementará este sistema de transporte público basado en el diseño del Metropolitano (otro sistema de transporte público que también “hace aguas” financieramente), sólo quedan el “corredor azul” y el “corredor rojo”. El “corredor morado” acaba de dejar de funcionar y los otros dejaron de operar hace tiempo. Los representantes de los consorcios alegan que, primero la comuna capitalina y después la Autoridad del Transporte Urbano para Lima y Callao (ATU), no cumplieron con una cláusula importante de los contratos: retirar toda competencia a los corredores. Por tanto, el sistema no era “auto-sostenible económicamente” y requería de una subvención.

Los representantes de los consorcios alegan que se les debe una millonada en soles por subvenciones desde 2020 y el Ministerio de Economía y Finanzas no acepta pagar. Sin embargo, una palabra que ellos jamás pronuncian es MONOPOLIO: no reconocen -ni creo lo hagan- que todos los corredores fueron constituidos como monopólicos (fue retirada la competencia del transporte público ordinario) y cuando se quejan de la competencia (taxis colectivos o transporte “pirata”) o le culpan por la quiebra financiera del sistema, lo que nos están diciendo entre líneas es que los corredores complementarios han fracasado, porque no fueron suficientemente monopólicos.

Así fueron concebidos los corredores, porque para los funcionarios municipales de la entonces alcaldesa de Lima, Susana Villarán, en 2013, la mentada “reforma del transporte” jamás consistió en servicios de transporte público rápidos, seguros y cómodos sino en buses "bonitos", chóferes uniformados y con beneficios laborales y confusos paraderos. Los funcionarios de Villarán (como el economista Gustavo Guerra García) creyeron que, si funcionaban los monopolios de los corredores, los consorcios tendrían suficientes ganancias para reinvertir en comprar más buses y ampliar la flota vehicular. 

¿Cuál ha sido una constante desde el inicio de los corredores complementarios?. Pocos buses, paraderos llenos en horas punta y buses repletos de pasajeros. Existe suficiente evidencia empírica documentada de cómo funcionan los monopolios para entender que esa realidad denigrante no hubiese cambiado jamás, porque al constituirse los corredores como monopolios, los consorcios sólo tenían que cumplir los contratos ofreciendo el servicio: dependería de los usuarios si pagaban la tarifa o no. Así no existe ningún incentivo para mejorar la calidad del servicio.

Los taxis colectivos o el transporte “pirata” han cubierto las insuficiencias de los corredores complementarios. De alguna manera, una oferta cubrió una demanda. No obstante, presenciamos el fracaso de unos tecnócratas que creyeron saber más que el mercado.

Por eso la “reforma del transporte” no ha sido más que una leyenda urbana.

 

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