En un espectáculo público grotesco y hasta ofensivo, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, desató la guerra comercial contra el mundo.
Ante corresponsales de prensa nacional y extranjera, Trump mostró su tablita tarifaria de aranceles de importación contra la casi totalidad de países del mundo. Gran parte de éstos son “aliados” de los Estados Unidos. En un evento donde sólo faltó exhibir una vaca de Oklahoma, un obrero de Michigan o un minero de Wyoming, Trump tildó de “carroñeros” y “estafadores” a todos los países que han comerciado con los Estados Unidos, quienes les “han robado”.
Aunque las tasas arancelarias son diferenciadas (nadie sabe con qué criterio), las principales víctimas de la guerra comercial son la Unión Europea y China. También Japón, Corea del Sur o Israel, tradicionales aliados de la Casa Blanca. Paradójicamente, los chinos, quienes compiten deslealmente en el mundo, pueden terminar convertidos en los adalides del libre comercio. Trump excluyó a Rusia, Bielorrusia, Irán y Corea del Norte, porque tienen sanciones internacionales. En América Latina, sólo Cuba está excluida, por el embargo comercial de 1960. Venezuela y Nicaragua están incluidas. Ni siquiera se salvó Argentina, pese a la amistad entre Trump y el presidente argentino Javier Milei.
Desde el sha persa Ciro El Grande en la Antigüedad pasando por la Escuela de Salamanca en el siglo XVI hasta el economista británico Adam Smith en el siglo XVIII conocemos que los aranceles de importación son un sobrecosto a la intermediación comercial y jamás han traído prosperidad colectiva. La guerra comercial de Trump, para re-industrializar los Estados Unidos, fracasará, como fracasaron todas a lo largo de la historia.
A Perú le protege parcialmente el Tratado de Libre Comercio firmado en 2004 y siempre se puede (re)negociar (la presencia de Alfredo Ferrero, ex Ministro de Comercio Exterior y Turismo, como embajador peruano en Washington DC será conveniente), pero las manufacturas textiles, la agro-exportación, la agricultura y la pesca no-tradicionales, la minería no-metálica y la industria siderúrgica metálica sufrirán las nuevas barreras arancelarias. Además, los Estados Unidos son sólo uno de nuestros socios comerciales. Tenemos más destinos con quienes también tenemos tratados de libre comercio.
¿Qué han dicho los sectores “de derecha” peruanos, que hasta hace poco tiempo aplaudían como focas a Trump?. Exceptuando ciertas voces indignadas (por los aranceles de importación, no por las deportaciones de inmigrantes peruanos en los Estados Unidos), están calladitos. ¿Qué opina el alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, quien públicamente mandó “al carajo” la estabilidad jurídica?, ¿qué piensa la congresista Patricia Chirinos, emocionada con Trump?. Trump se está volviendo “mussoliniano” y Benito Mussolini, el dictador de la Italia fascista, fue un socialista. Les aseguro que el corrupto ex presidente regional de Junín, Vladimir Cerrón, comunista estalinista, respalda las medidas arancelarias de Trump.
Ya vivimos
tiempos difíciles.
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