Miércoles 06 de julio. Un equipo periodístico de la televisora privada América Televisión estaba en la provincia rural de Chota, departamento de Cajamarca.
Un periodista y su camarógrafo viajaron hasta allá, porque investigan un caso más de corrupción administrativa relacionado al “hombre sin sombrero” que ocupa la Presidencia de la República, pero esta vez salpica a su cuñada y hasta a su mujer, la Primera Dama de la Nación. Cuando el periodista recababa información y recogía declaraciones, él y su camarógrafo fueron interceptados por rondas campesinas, quienes los llevaron a otro lugar, donde fueron despojados de sus teléfonos celulares, el micrófono y la cámara de video.
Ambos fueron secuestrados, despojados de sus zapatos y amenazados con la flagelación. El periodista fue obligado bajo amenaza de daño a escribir y leer un comunicado afirmando que todas las denuncias de corrupción administrativa relacionadas al “hombre sin sombrero” y su familia son “falsas”. Los ronderos llamaron telefónicamente a Lima y exigieron que el comunicado sea leído al aire, en horario estelar, para lo cual la parrilla de programación fue interrumpida. Tras varias horas secuestrados, los ronderos dejaron ir a los dos hombres. Efectivos de la Policía Nacional los trasladaron hasta la ciudad de Cajamarca. Al día siguiente, regresaron a Lima.
Los gremios periodísticos están horrorizados por el suceso e indignados por las reacciones desde el Gobierno nacional: el nuevo Ministro del Interior no está seguro si los secuestradores eran ronderos, el “hitleriano” Presidente del Consejo de Ministros ha defendido a esos ronderos y el “hombre sin sombrero”, a través de su cuenta en la red social Twitter, condenó tímidamente el hecho. Aparecieron quienes intentan justificar el hecho, pero, según la Constitución de 1993, las rondas campesinas son un cuerpo policial auxiliar en zonas rurales. No “imparten justicia”, como afirman sus defensores. Son las comunidades campesinas y nativas quienes pueden impartir justicia consuetudinaria, sin violar los Derechos Humanos.
En vez de combatir el abigeato, las rondas campesinas actúan como bandas de energúmenos dedicadas a perpetrar cuánta salvajada se les ocurra: desnudan, humillan y flagelan a quienes tildan de ebrios, vagos, infieles, inmorales, etc. Incluso algunos ronderos han matado. En un comunicado publicado al día siguiente del secuestro, una de las federaciones nacionales de rondas campesinas relativizó el hecho y rechazó que el periodismo “se preste” a “maniobras golpistas” de quienes quieren traerse abajo al "hombre sin sombrero" y su Gobierno.
¡He ahí la cuestión!. Esas rondas campesinas son aliadas del “hombre sin sombrero”. Por eso no gustan que el periodismo revele escándalos políticos y casos de corrupción administrativa del Gobierno nacional. A su vez, se sienten avaladas por el discurso hostil del “hombre sin sombrero”, quien se considera un rondero más, hacia los medios de comunicación desde la última campaña electoral. El Ministerio Público y el Poder Judicial deben actuar conforme a ley contra los ronderos violentistas. El Perú no ha sido testigo de tal grado de ferocidad contra los periodistas desde el terrorismo del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) en la década de 1980.
No creo hemos visto todo lo que son capaces los ronderos por defender al “hombre sin sombrero”. Por su parte, el Gobierno nacional se ha echado resueltamente a los grandes medios de comunicación en contra, cuyos periodistas ahora no cesarán de revelar todo de todo hasta la caída.
La batalla
final se acerca.
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