En 2016 la mayoría absoluta fujimorista en el Congreso se estrenó con una decisión, aparentemente, intrascendente para ganar apoyo popular.
Decidió renombrar unos de los ambientes protocolares del Palacio Legislativo: la Sala “Gustavo Mohme” fue renombrada como “Héroes de la Democracia”. Ex senador izquierdista, Mohme había sido duro opositor a la dictadura de Alberto Fujimori en la década de 1990. El motivo alegado para el renombramiento fue homenajear al comando militar Chavín de Huántar, que valerosamente había rescatado decenas de rehenes de los terroristas comunistas del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) en 1997. Sin embargo, la sala no fue renombrada “Chavín de Huántar” sino “Héroes de la Democracia”, lo cual era un sofisma: no todo opositor al comunismo es un demócrata y los militares de “Chavín de Huántar” podían legítimamente creer que la dictadura de entonces era el mejor régimen político para Perú. Al final, quedó la sensación que eran los fujimoristas quienes se consideraban a sí mismos “héroes de la democracia”.
Han transcurrido más de ocho años y la gran mayoría de la ciudadanía no cree que los fujimoristas, como el resto de los sectores “de derecha” (con alguna que otra excepción), crean en la democracia, las instituciones y el imperio de la ley. Al contrario, todos ellos son percibidos como empeñados en “cargarse” la democracia restaurada en 2001 (“la república progre”, como le dicen) para reemplazarla por Dios sabe qué. A esos sectores “de derecha” sólo les queda un último recurso discursivo para ganar apoyo popular: apelar a la lucha antiterrorista en las décadas de 1980 y 1990, la cual mitifican al extremo como parte de un “relato heroico” donde hubo “gestas épicas”, borrando la historia y la memoria donde aparecen el dolor, la muerte y la destrucción.
Estamos ante un tramposo juego narrativo consistente en oponer unos contra otros, tergiversar la verdad y vaciar de contenido etimológico las palabras. Muy “postmoderno”, por cierto. Democracia ya no significa lo mismo. Libertad ya no significa lo mismo. Paz ya no significa lo mismo. En nuestra realidad, terrorismo ya no significa lo mismo. Básicamente, el terrorismo es la estrategia sistemática de acción individual o grupal para generar terror y conseguir fines últimos. Sendero Luminoso y el MRTA apelaron al terrorismo en las décadas de 1980 y 1990, porque buscaban un fin ulterior: la implantación del comunismo en el país.
Por eso la insistencia de esos sectores “de derecha” en que el impopular e “ilegítimo” Congreso apruebe el proyecto de ley que crea la tipificación penal de “terrorismo urbano” para combatir los hechos de extorsión, sicariato y secuestro, aunque estos delitos han “explotado” en el país, a causa de la polémica enmienda a la Ley sobre el Crimen Organizado de 2013 que éste aprobó meses atrás. A los criminales sólo les interesa perpetrar sus crímenes y, como consecuencia, estos crímenes pueden generar zozobra, angustia y hasta temor en la ciudadanía. ¿Dónde está el “terrorismo urbano”?. Incluso, con ese mamarracho del “terrorismo urbano”, los sectores “de derecha” banalizan la auténtica lucha antiterrorista que hubo en Perú.
Cuando en el putrefacto Congreso, una facción de izquierda radical propuso durante el debate en la Cámara “espuria” cambiar el nombre de la iniciativa legislativa a “criminalidad sistematizada” (¿?), los sectores “de derecha” pitearon: sí o sí debe ser “terrorismo urbano”. Obvio, si no, el mensaje hipócrita se les caerá.
Renunciaron
a valores morales y principios éticos, renunciaron a postulados y renunciaron al
debate de ideas, a los sectores “de derecha” no les queda más que el discurso
vacuo.
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