Nuestro amor (político) murió ("ESPECIAL")

 

El corrupto ex presidente regional de Junín, Vladimir Cerrón, comunista estalinista, ha pedido al “hombre sin sombrero” en la Presidencia de la Republica la renuncia a su movimiento político.

Como adelantó el semanario del periodista César Hildebrandt, Cerrón quiere deshacerse del “hombre sin sombrero”. Según el comunicado publicado en su cuenta de la red social Twitter, por la investidura de la Presidencia de la República, le pide renunciar. Si éste no lo hiciera, sería sometido a proceso disciplinario para expulsarlo. El pedido implícito es contundente: lárgate. Consultado por reporteros a la salida de la Catedral de Lima, el “hombre sin sombrero” dio una respuesta lacónica, balbuceó algunas incoherencias y debe haber causado un episodio más de sus conocidos ataques de ansiedad cada vez que debe decidir cuestiones importantes.

De acuerdo al comunicado, el “hombre sin sombrero” es culpable de haber “destruido” la bancada oficialista, haber fomentado la deserción de congresistas oficialistas, haber intentado crear dos movimientos políticos paralelos, incumplir las promesas de la campaña electoral y aplicar el programa económico “perdedor”.

Este anuncio ha suscitado dos reacciones en la política y la opinión pública. Hay quienes creen que Cerrón presiona al “hombre sin sombrero” sólo para negociar más cuotas de poder dentro del Gobierno nacional. No obstante, son más quienes creemos que Cerrón necesita deslindar rápido del “hombre sin sombrero” con miras a las elecciones municipales y regionales en octubre. Quizá sean ambas razones.

Cerrón cree estar “acumulando fuerzas” para que su movimiento político, la “vanguardia revolucionaria”, se convierta en fuerza hegemónica tras los comicios venideros. Para ello necesita hacerse, por ejemplo, con mil alcaldías y diez presidencias regionales. Así estaría en condiciones de imponernos su “proyecto revolucionario”: un proceso constituyente para “cargarse” la democracia restaurada en 2001 y el modelo económico heredado de la década de 1990. Sin embargo, el “hombre sin sombrero”, acorralado por los escándalos políticos y las denuncias de corrupción administrativa, cercado por el Ministerio Público y el Poder Judicial, jaqueado por la creciente conflictividad social y bastante repudiado por la ciudadanía en los estudios demoscópicos, no garantiza a Cerrón obtener ni cien alcaldías. Por más irregularidades que pudiera haber en los comicios o los “trucos sucios” a los cuales apelar, la “paliza electoral” está asegurada.

A través del comunicado, Cerrón hace recordar al “hombre sin sombrero” que sus dieciséis congresistas leales en el Congreso son decisivos para aprobar su destitución por “incapacidad moral permanente” en la Cámara. Por tanto, aumenta la apuesta. Si el “hombre sin sombrero” quisiese contentarlo, ya no bastarían un par de ministerios y algunas entidades públicas. No, Cerrón querría el poder completo: un Presidente del Consejo de Ministros y un gabinete que respondan sólo a él y así ir con todo por el “proyecto revolucionario”. El “hombre sin sombrero” quedaría relegado a mera figura decorativa.

Personalmente, no hay marcha atrás en la ruptura. Cerrón quiere salvar las cuotas de poder que le quedan y no tendría problemas en negociar con la oposición “de derecha” para conseguirlo. Jamás negociaría con otras facciones de izquierda radical, a las cuales detesta. Creo -tal vez me equivoque- sus dieciséis congresistas serán claves para la elección de la nueva Mesa Directiva del Congreso y la instalación del futuro Gobierno interino.

Veremos qué ocurrirá.

 

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