Si mal empieza, mal acaba

 

Otro refrán popular con transcendencia política: lo que mal empieza, mal acaba.

La Junta Nacional de Justicia fue creada para reemplazar al extinto Consejo Nacional de la Magistratura con la reforma constitucional aprobada mediante el Referéndum de 2018. Al año siguiente, el Congreso aprobó la ley orgánica del nuevo organismo constitucionalmente autónomo.

En 2020 la Junta aprobó su reglamento de organización y funciones. En esa norma, se creó el “procedimiento disciplinario inmediato”: un proceso sancionador sumarísimo para destituir fiscales y jueces por supuestas faltas graves, sin necesidad de indagación previa. Bajo este proceso fueron removidos los magistrados involucrados en la red de corrupción judicial “Cuellos Blancos” (la excusa que usó el nefasto gobierno de Martín Vizcarra para “cargarse” el Consejo Nacional de la Magistratura en 2018), incluido el ex vocal supremo César Hinostroza, hoy refugiado en Bélgica. En tiempos recientes, la Junta utilizó el mismo procedimiento para destituir a la ex fiscal suprema Patricia Benavides.

Sin embargo, el Tribunal Constitucional declaró fundada una acción de amparo presentada por unos de los magistrados destituidos en 2020 y el colegiado ha declarado “nulo” el “procedimiento disciplinario inmediato”, porque no se ajusta a la Constitución de 1993 ni a la ley orgánica de 2019. Al declararse la nulidad, todos los destituidos bajo este proceso tienen la opción de volver al Ministerio Público y el Poder Judicial. Una beneficiaría también es la Presidenta de la Corte Suprema de Justicia, a quien (injustamente) la Junta pretendía destituir con el mismo proceso sumarísimo. Sectores “de izquierda” han chillado, pero lo que mal empieza, mal acaba.

Otro ejemplo. El Jefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales presentó ante el putrefacto Congreso los prototipos de cédulas de sufragio para las elecciones generales del próximo año: dos papelotes de 65 centímetros de largo y 16 y 24 centímetros de ancho, respectivamente. En una cédula estarían los recuadros para Presidente de la República, senadores nacionales y Parlamento Andino. En la otra, senadores regionales y diputados. Considerando que el número de partidos o movimientos políticos en proceso de inscripción ante el Jurado Nacional de Elecciones (van 42), las dimensiones de las cédulas continuarían aumentando.

Sectores “de derecha”, los principales responsables del futuro despelote comicial al haber aprobado el año anterior una bicameralidad esperpéntica e “ilegítima”, ya están preocupados. Con dos cédulas de sufragio, adiós al “efecto de arrastre” (la candidatura presidencial jalando listas parlamentarias), proliferarán las “irregularidades” y la confusión o el desánimo se apoderarán de los electorales ante tamaños papelotes. Ahora sí el impopular e “ilegítimo” Congreso quiere corregir sus despropósitos, pero ya es tarde.

Nadie se sorprenda si el futuro caudillo que, inevitablemente, surgirá en las elecciones generales ganase adeptos llamando a boicotear los comicios parlamentarios. Lo que mal empieza, mal acaba.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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