Todos contra el Congreso

 

Entre 1988 y 1991 el conocido periodista César Hildebrandt tuvo un programa político nocturno en la televisora privada América Televisión.

El programa comenzaba con varias imágenes de presentación. Una de ésas era una reciente pelea a puño limpio en el Hemiciclo Principal del Palacio Legislativo entre los entonces diputados Fernando Olivera y Rómulo León Alegría. Todas las noches, entre lunes y viernes, los espectadores de Hildebrandt recordaban la vergonzosa trifulca entre Olivera y León Alegría y quedaban en sus mentes con un recuerdo feo del Congreso.

¿Por qué la remembranza?. Hace varias semanas que varios órganos de prensa del grupo mediático El Comercio están en una perenne campaña contra el Congreso: el presupuesto anual, los gastos, los viajes de congresistas, la producción legislativa, el control político. Críticas tras críticas. Alguien dirá que es la habitual labor fiscalizadora del periodismo político, pero como en el Perú las defensas o los ataques mediáticos no suelen ser “gratuitos” (palabras del periodista español Juan Luis Cebrián), hay un propósito oculto detrás de tanta crítica al Congreso.

Fines políticos, intereses particulares o afán sensacionalista, no lo sé. Sí sé que atacar por atacar al Congreso, más allá de “torcer el brazo” parlamentario para complacer a los “atacantes”, trae consecuencias. En el Perú, un país con una cultura política anti-parlamentaria, donde los golpes de estado y las sucesivas dictaduras “se cargaron” los parlamentos, donde además en 2019 el funesto gobierno de Martín Vizcarra ilusionó a muchísima gente haciéndole creer que puede haber democracia sin el Congreso, es un cóctel político institucionalmente explosivo.

Por desgracia, la mala estructura, la pésima organización y las contrahechas funciones del Congreso legados de la Constitución de 1993 fueron pervertidos hasta el extremo desde el retorno a la democracia en 2001 Además, la conducta cada vez más antiética -a veces, inmoral- de muchos congresistas a lo largo de los últimos veintidós años ha mancillado la majestad del Congreso, que dudo pueda revertirse fácilmente en el corto o mediano plazo. Temo que no transcurrirá mucho tiempo para que surja un político populista, pragmático, ambicioso y calculador, quien aprovechará ese descontento ciudadano contra el Congreso para apelar a un manido instrumento jurídico que le permita concentrar -quizá hasta centralizar- poder y rediseñar el sistema político “a su medida y conveniencia”: el proceso constituyente.

Cuando llegue el momento, habrá quienes dentro y fuera del Palacio Legislativo, tan reacios a aprobar o siquiera debatir reformas institucionales, se arrepentirán de sus posiciones tan torpemente inmovilistas. También habrá quienes dentro y fuera de los medios de comunicación se arrepentirán de tanto ataque por ataque al Congreso. Lamentablemente, será muy tarde.

Al fin de cuentas, cuatro años después de la pelea entre Olivera y León Alegría, un año después de finalizado el programa televisivo de Hildebrandt, sobrevino el golpe de estado del 05 de abril de 1992.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Noviembre 1992 / noviembre 2020

Artículos COVID-19 (2020)

Artículos anteriores