Adelanto abortado ("ESPECIAL")

 

Ya parece bastante improbable que celebremos elecciones generales en el mediano plazo.

Recordemos que en diciembre pasado el Congreso votó, por primera ocasión, la reforma a la Constitución de 1993 para recortar dos años el mandato presidencial y parlamentario y se pueda convocar a comicios para el año 2024. Falta la segunda votación en la Cámara.

Sin embargo, la soberbia y ensimismada “progresía” limeña, a través de los grandes medios de comunicación, han vendido la idea que las turbas de izquierda radical que bloquean carreteras, destruyen propiedad pública o privada, aterrorizan a la población y siempre provocan violencia callejera serían “aplacadas” con el adelanto electoral. La izquierda radical sabe bien sus objetivos: la renuncia de la Presidenta de la República, el cierre del Congreso, la convocatoria a comicios inmediatos y el inicio de un proceso constituyente, previa instalación de una “Junta de Gobierno”. Para la influyente “progresía” limeña, cuando se convoque a comicios al mediano plazo, las turbas de izquierda radical se calmarán, volverán a convertirse en “ciudadanía descontenta, pero razonable” y votarán masivamente a algún candidato presidencial afín a los “progres”.

Por desgracia, no pocos políticos “de derecha” y “centristas” cayeron en el juego político de la “progresía” limeña y pasaron el último mes y medio insistiendo en elecciones generales para este año, sea en julio, octubre, noviembre o diciembre. Para presionarlos, han estado los grandes medios de comunicación y sus encuestas de opinión cada vez menos representativas (muestras de mil doscientas personas cuando, por ejemplo, en Chile no bajan de cuatro mil, ¡por Dios!): adelanto para este año, adelanto para este año, el Congreso no tiene “legitimidad”, el Gobierno nacional no tiene “legitimidad”, etc. En ese afán, algunos presidentes regionales se han prestado, como si ellos no tuvieran también responsabilidad política en la actual descomposición institucional.

La “progresía” limeña no consiguió el resultado deseado. Las facciones de izquierda radical en el Congreso quisieron aprovecharse de la premura por el adelanto electoral para condicionar sus votos en la Cámara a la celebración de un referéndum constituyente, que nadie fuera de esas filas acepta. Las bancadas “de derecha” están divididas: una quiso el adelanto para este año, otra el adelanto para 2024 con una reforma electoral mínima y otra no quiere adelanto y pretende cumplir los mandatos hasta 2026. Es muy difícil el consenso entre ochenta y siete o más congresistas para aprobar la reforma constitucional. Aprobarla con sesenta y seis o más congresistas para después ratificarla en referéndum (con el país sin pacificar completamente, ¿qué consulta popular podría celebrarse?) no es factible.

Todavía hay la posibilidad de ratificar la reforma constitucional aprobada para el adelanto hacia 2024, pero la izquierda radical insiste en el referéndum constituyente (es la última oportunidad) y sin los votos “rojos”, no hay reforma constitucional posible. De otro lado, no es descartable que la Presidenta de la República renuncie para que el Presidente del Congreso la reemplace y él esté habilitado constitucionalmente para convocar a comicios. No obstante, a medidas que los conatos de revuelta o los focos insurreccionales alentados por la izquierda radical vayan apagándose, serán pocas voces y sin mayor influencia quienes pidan la renuncia de la Presidenta de la República.

Como dije anteriormente, no descarto que la Presidenta de la República pueda caer en el futuro mediato y sí haya elecciones anticipadas, pero sería bajo otro contexto y otras circunstancias de la política peruana.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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