Hipócritas de la democracia

 

La revista británica The Economist ha publicado su “Índice de Democracia 2024” y Perú estaría desaprobado por segundo año consecutivo.

La evaluación (un tanto arbitraria, por cierto) define cuatro categorías: “democracia plena”, “democracia defectuosa”, “régimen hibrido” y “autoritarismo”. Según la clasificación para América Latina, Uruguay y Costa Rica entran en la primera categoría. Chile, Colombia, Paraguay, Panamá, Argentina y Brasil están en la segunda categoría. Perú está en la tercera junto a México, Ecuador, Honduras, Guatemala, Bolivia y El Salvador. Al fondo están Haití, Cuba, Venezuela y Nicaragua. Para The Economist, la democracia peruana está en “degradación”.

La publicación ha repercutido en los medios de comunicación, la opinión pública, la intelectualidad y las redes sociales. Algunos descalificaron la evaluación, otros apuntaron sus dedos acusadores. Sin embargo, son muchas las culpas compartidas por esta realidad. Quienes más han llenado sus bocas proclamándose “demócratas” (o “grandes demócratas”) son los menos demócratas y quienes más han pregonado “defender la democracia” son quienes más la han dañado.

Quienes alentaron la caída del gobierno de Pedro Pablo Kucyznski en 2018, aplaudieron al nefasto gobierno de Martín Vizcarra cuando “se cargó” el Congreso el 30 de septiembre de 2019, fomentaron el "bochinche" callejero que en noviembre de 2020 “se cargó” el gobierno de Manuel Merino, avalaron las “irregularidades” en las elecciones generales de 2021, quisieron sostener el incompetente, corrompido e ideologizado gobierno de Pedro Castillo o desconocieron la sucesión constitucional de 2022, ¿cómo pueden criticar o escandalizarse por la “degradación” de la democracia?. ¡Caras de piedra!.

La Presidenta de la República y los congresistas tienen sus cuotas de responsabilidad. Quienes desde el Gobierno nacional o el Congreso han violado la Constitución de 1993 (texto fundamental con el cual se hizo la transición hacia la democracia) o han aplaudido que desde el Poder Judicial, el Jurado Nacional de Elecciones y hasta el Tribunal Constitucional se viole la Constitución de 1993, ¿cómo pueden criticar o escandalizarse ahora?. ¡Caras de concreto!.

Finalmente, a quienes, desde la televisión, la radio, la prensa escrita o las redes sociales, gustan de evocar el pasado dictatorial de Perú, casi nostálgicamente, o apoyaron los conatos de revuelta y los focos insurreccionales en varios partes del país que exigían el año pasado la renuncia de la Presidenta de la República, el cierre del Congreso y el inicio de un proceso constituyente, ¿cómo pueden criticar o escandalizarse?. ¡Caras de tabla!.

Poco a poco, esmeradamente, los responsables están pavimentando el camino hacia el final de la democracia restaurada en 2001, sirviendo la mesa al futuro caudillo que “se cargará” a todos. Mañana nadie de quienes hoy se rasgan la ropa por el índice de The Economist y las poquísimas advertencias sobre el futuro diga que no tuvo responsabilidad alguna en el destino político de Perú.

Quien escribe cumple advirtiéndolo.

 

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