Recién la Presidenta de la República renovó su gabinete: vinieron cuatro nuevas caras en Economía y Finanzas, Energía y Minas, Defensa y Ambiente.
El nuevo Ministro de Energía y Minas ha recibido elogios trasversales. Es un ingeniero correcto, competente, poco interesado en discusiones políticas. Fue Viceministro de Minas durante el gobierno de Alejandro Toledo, entre 2004 y 2005. A su vez, el nuevo Ministro de Ambiente es un funcionario público que hasta hace poco tiempo dirigía la Autoridad Nacional del Agua.
Sin embargo, el nuevo Ministro de Economía y Finanzas no ha tenido tantos elogios. Sectores “de derecha” y el empresariado están contentos. Antes fue Ministro de Agricultura y Riego en 2018 bajo el gobierno de Pedro Pablo Kucyznski. Es un economista ortodoxo de tipo “fiscalista”: pendiente del correcto gasto público y el equilibrio financiero. Es un motivo por el cual no es del agrado en sectores “de izquierda”. Hay otro motivo: ejerció la misma función menos de una semana bajo el gobierno de Manuel Merino en noviembre de 2020.
¡Cómo no recordar el “bochinche” de noviembre de 2020!. Comenzó cuando el Congreso cesó al nefasto gobierno de Martín Vizcarra en la época de la pandemia viral COVID-19 y terminó cuando los congresistas instalaron el gobierno de Francisco Sagasti. En el medio, la muchachada tirapiedras “de izquierda” peleando con la Policía Nacional en el Centro de Lima, marchas callejeras frenéticas, cacerolazos en los barrios mesocráticos y apatía en barrios populares, los grandes medios de comunicación alentando a protestar, las redes sociales “ardiendo” con la expresión “golpe de estado” o la perorata “renuncia, renuncia, renuncia”, dos jóvenes muertos en circunstancias no aclaradas durante las violentas protestas en el Centro Histórico y los congresistas políticamente arrinconados votando contra sus deseos. La Presidencia de la República cambió de manos tres veces en una semana, aunque la primera sucesión constitucional fue tan legítima como la segunda.
Hasta hace un par de años en sectores “de izquierda” se enorgullecían, sacaban pecho, por el “bochinche” de noviembre de 2020. Decían que “marcharon por la democracia” cuando marcharon para devolver el poder a un psicópata que nos desgobernó treinta meses. Alegaban que el Congreso “no los representaba”, pero sí el psicópata al cual nadie había votado en comicios. Pregonaban que “Perú despertó” (¿recuerdan los lemas “Se metieron con la generación equivocada” o “La generación del bicentenario”?), pero el país acabó más abyecto que nunca.
¿Qué quedó de aquel noviembre de 2020?. Nada. Sólo gente del común avergonzada, desilusionada y resentida por haber participado del “bochinche” (más pareció un desahogo colectivo por casi ocho meses de durísimo confinamiento y restricciones sanitarias, a consecuencia de la pandemia, y el miedo al contagio masivo) y los sectores “de izquierda” que intentaron convertir todo en una “gesta democrática”, pero fracasaron.
El tiempo
pone todo en su lugar, incluido un “bochinche” callejero que poco a poco
quedará en el olvido.
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