Ya es hora de resarcir la dañada imagen del Perú en el extranjero.
La izquierda radical y sus aliados internacionales están hablando pestes del Perú. Políticos, intelectuales, periodistas y activistas sociales se pasean por el mundo o dan entrevistas a tutilimundi diciendo que el gobierno de Pedro Castillo cayó el 07 de diciembre pasado por un “golpe de estado parlamentario” (¿les suena familiar?), la sucesión constitucional fue “ilegítima”, la Presidenta de la República y su Gobierno son “espurios” y aquí existe una “dictadura cívico-militar” represora.
No obstante, una cosa son esos personajes ejerciendo la libertad de expresión y otra muy distinta son jefes de estado opinando e interviniendo en la política interna peruana. Uno de esos mandatarios injerencistas es el izquierdista presidente colombiano Gustavo Petro, quien vio las imágenes de los contingentes de efectivos de la Policía Nacional desplegados en el Centro de Lima para contener las violentas manifestaciones “rojas” y los comparó (malévolamente) con las tropas SS de la Alemania nazi.
Semejante insolencia no podía obviarse. Primero, la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso y, después, la Cámara misma aprobaron mayoritariamente declarar a Petro “persona no grata”. Por supuesto, las facciones de izquierda radical votaron en contra. A su vez, Torre Tagle envió una nota de protesta a Bogotá por las declaraciones perversas de Petro.
Actualmente, el Perú tiene suspendidas sus relaciones diplomáticas con México, Colombia, Honduras (el gobierno de Xiomara Castro condenó el “golpe” y Tegucigalpa sigue reconociendo a Castillo como “presidente legítimo”), Bolivia (el presidente Luis Arce ha defendido a las salvajes turbas de izquierda radical en el Perú, al mismo tiempo que allá encarcela opositores) y Argentina. Aunque Chile sí reconoció la sucesión constitucional del año pasado, el presidente izquierdista Gabriel Boric también ha posado de injerencista causando molestias en Lima.
Nuevamente, otro impase diplomático con México. El gobierno de Andrés Manuel López Obrador se niega a entregar la presidencia pro tempore de la Alianza del Pacífico, concebida como mecanismo supranacional de integración comercial en 2011, el cual ha sido tan exitoso que países como Ecuador, Costa Rica, Panamá y Guatemala desean incorporarse. López Obrador se niega a transferir la presidencia pro tempore, porque dice no querer avalar el “golpe de estado” en el Perú. Conforme al estatuto de la Alianza, López Obrador no puede negarse a ceder la posta y, como lo ha manifestado Torre Tagle en nota de protesta enviada a Ciudad de México, su intención subalterna es “debilitar” la organización, en la cual nunca ha creído.
El Perú debe mostrarse firme y, quizá, la mejor forma de hacerlo sería la ruptura de las relaciones diplomáticas con México. Al final de cuentas, están casi rotas y el único responsable es López Obrador, quien nada dice sobre los perseguidos políticos en Nicaragua.
El Perú se
hace respetar ante el mundo, conforme al Derecho Internacional, o nadie nos
respetará.
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