La “progresía” limeña y el Congreso

 

Para la “progresía” limeña, el Congreso es el chivo expiatorio de casi todos los males políticos actuales del país.

Según el razonamiento de una sus más conspicuas representantes, la siniestra abogada Rosa María Palacios, quien se enorgullece de haber bloqueado más de sesenta mil usuarios en la red social Twitter, si el “hombre sin sombrero” sigue ocupando la Presidencia de la República no es por responsabilidad de quienes le votaron cuando éste vestía sombrero o pidieron el voto para él sino es culpa del Congreso, porque hasta ahora no lo echa del poder. Por supuesto, debe echarlo sin apelar a la destitución por “incapacidad moral permanente”.

Cada vez que los grandes medios de comunicación publican una encuesta de opinión sobre la política (IPSOS, DATUM, CPI e IEP), políticos, periodistas e intelectuales “progres” señalan la impopularidad del “hombre sin sombrero” y, de inmediato, la comparan con la impopularidad del Congreso. Incluso les encanta recalcar cuando, supuestamente, el Congreso es más impopular que el Gobierno nacional.

¿La impopularidad del Congreso no es real?. No he dicho eso, sino que no es comparable con el Gobierno nacional. Primero, porque quien gobierna (o debiera gobernar) el país no es el Congreso sino el “hombre sin sombrero”. Los congresistas legislan, fiscalizan el gasto público y hacen control político. No implementan políticas públicas ni ejecutan obras públicas.

De otro lado, el Congreso es la máxima expresión de la soberanía popular. En su seno, de acuerdo a las reglas electorales vigentes, están representadas las corrientes políticas favorecidas por el voto popular en comicios libres. Por tanto, hay quienes en la Cámara o las comisiones ordinarias votarán a favor, en contra o se abstendrán. Ganará siempre la mayoría, pero sin desmerecer la presencia minoritaria. Mejor dicho, una cosa es el Congreso y otras son los congresistas. No es que “el Congreso no quiere...” sino “una mayoría en el Congreso no quiere”.

A la “progresía” limeña le fastidia la composición actual del Congreso, como le fastidiaba las composiciones anteriores. En realidad, le fastidiará cualquiera que no sea mayoritariamente favorable a sus intereses. Tanto ataque verbal indiscriminado al Congreso no es gratuito.

Los “progres” más perspicaces saben que la caída del “hombre sin sombrero” es inevitable y la Presidencia de la República recaerá en quien presida el Congreso. Para eso necesitan conseguir que él o ella sea alguien afín a la “progresía” limeña para que ésta tenga cabida en el Gobierno interino y obtengan cuotas de poder y una “reforma electoral” de tinte “progre” antes de celebrar las elecciones generales que les garantice una mayoría accesible a sus intereses.

Desde la elección parlamentaria de 2020 la “progresía” limeña sueña con una mayoría adicta en el Congreso. Lo dijo tácitamente el sociólogo Juan de la Puente cuando habló de una “nueva Transición”. Una transición desde la democracia restaurada en 2001 hacia un nuevo régimen político, donde sólo la corriente política “progre” gobierne.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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