Cayendo bajo

 

Los sectores “de derecha” están cayendo bajo y arrastran con éstos al país.

Como parecen haberse quedado sin referencias políticas y sus liderazgos avergüenzan hasta a los propios, ahora se aferran a la figura política más controversial del pasado reciente de Perú: el ex dictador Alberto Fujimori.

Fujimori, preso desde 2009 por violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad, a causa de las masacres de Barrios Altos y La Cantuta en 1991 y 1992, respectivamente, además de casos de corrupción administrativa en los cuales él se declaró culpable, hoy libre (no debatiremos la particularidad de su excarcelación), fue visto en el centro comercial Jockey Plaza, en Lima. No fue de compras sino hacia la sucursal de una entidad pública. Vestía ropa holgada y llevaba un balón de oxígeno. No faltaron los curiosos y hubo quienes se fotografiaron a su lado. Extrañamente, había reporteros y fotógrafos.  

Pese a su condición de octogenario, el ex dictador está mentalmente lúcido. Ante preguntas de los reporteros, Fujimori dijo estar alejado de la política, pero se permitió opinar sobre la Presidenta de la República y su Gobierno afirmando que ella debe completar el mandato hasta 2026 (concuerdo) y no se justifica un “adelanto electoral”. Esas palabras entusiasmaron a no pocos en sectores “de derecha”: el ex dictador se ha convertido en “estadista”. No faltó uno que otro iluso soñando con la unidad política y hasta el impulso a una “agenda reformista”.

Los sectores “de derecha” han perdido la brújula: no tienen idea de lo que están diciendo. Al margen de las reformas de mercado (inconsistentes y poco profundas) y la pacificación del país frente al terrorismo comunista (labor principal de fuerzas armadas y policiales), Fujimori es un golpista, que montó una dictadura con apoyo popular, persiguió opositores (no muchos, cierto) y atentaba contra la libertad de expresión. Fue un criminal convicto y confeso. Su opinión política no debiera importar más allá de sus seguidores. Quien escribe la toma de quien viene.

Además, Fujimori (quien nunca fue autocrítico) no se arrepentiría de nada. Incluso de su ex asesor de inteligencia Vladimiro Montesinos, para quien, ante las preguntas de los reporteros, tuvo palabras condescendientes. Montesinos fue juzgado y condenado con los mismos principios y las mismas garantías jurisdiccionales que tuvo Fujimori. Minimizando los delitos de su antiguo asesor, el ex dictador da la razón a sus seguidores más furibundos que hasta a Montesinos consideran un “preso político”.

Si los sectores “de derecha” quieren hacer el ridículo aferrándose a cualquier personaje que encuentren por ahí como referente político, allá ellos. Sin embargo, hacen un gravísimo daño a la sociedad, porque confunden a la ciudadanía trastocando valores morales y principios éticos.

Si una sociedad no es capaz de considerar “criminal” a quien es un criminal o lo fue y, además, le premia valorando sus opiniones más de lo merecido, está invitando a que pronto alguien destruya las instituciones y el imperio de la ley.

Estamos advertidos.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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