Fue contundente el paro de transportistas de Lima y Callao contra la criminalidad organizada que los afecta como a los demás.
Fue una inequívoca manifestación contra el Gobierno nacional (reaccionó decretando, otra vez, el Estado de Emergencia en varios distritos de Lima y el Callao) y el impopular e “ilegítimo” Congreso (ahora busca crear la absurda categoría penal de “terrorismo urbano”) y cada vez hay más voces en la opinión pública preguntándose si el país aguantará hasta 2026. Al margen de deseos personales, quien escribe está entre los convencidos que la Presidenta de la República caerá antes de finalizar el mandato y tendríamos un Gobierno interino. No habría adelanto electoral.
La Constitución de 1993 indica que el último en la línea sucesoria a la Presidencia de la República es quien esté presidiendo el Congreso. ¿Quién de los casi ciento treinta integrantes de la Cámara “espuria” podría asumir?. Hace un par de semanas, en el diario La República, el periodista René Gastelumendi se formuló esa pregunta. Su respuesta: el congresista José Williams. Tiene sentido.
Williams, congresista desde 2021 y quien presidió el Congreso hace dos años, es uno de los poquísimos parlamentarios que no ha estado involucrado en ningún escándalo político o ninguna denuncia por corrupción administrativa. Tampoco parece tener mayores aspiraciones políticas: creo no ha manifestado deseo de postular a una senaduría o una diputación para las elecciones generales de 2026. Ser militar retirado y ex jefe del comando operativo antiterrorista “Chavín de Huántar” le otorga “respetabilidad” ante la ciudadanía, tiene simpatías en sectores “de derecha” y los sectores “de izquierda” le aceptarían, pero a regañadientes. Tendría el respeto de las Fuerzas Armadas y podría obtener el beneplácito del empresariado y los grandes medios de comunicación.
No simpatizo con Williams y, políticamente, preferiría que asumiese el Presidente de la Corte Suprema de Justicia (obvio, no es posible), pero el análisis político requiere objetividad: hablamos de una nueva sucesión constitucional (la quinta en seis a siete años) y otro Gobierno no-electo (el quinto en seis a siete años), pero Williams permitiría salvar algo de la institucionalidad y el imperio de la ley con un interinato que dure hasta 2026.
¿Un interinato bajo Williams favorecería el triunfo en los comicios de 2026 para un candidato presidencial “moderado”?. No. Williams proviene de esos mismos sectores “de derecha” que han “aniquilado” la Constitución de 1993 (convertida en adefesio) y no cesan en el empeño de “cargarse” la democracia restaurada en 2001. Inevitablemente, el péndulo político muy escorado “a la derecha” girará fuertemente hacia el otro extremo. Tal vez Williams permitiría que ese péndulo se estabilice rápido.
En un
abanico de soluciones malas, Williams es la menos mala, pero temo que ciertos
líderes políticos “de derecha” privilegien sus probabilidades electorales sobre
el interés general de la ciudadanía. Tal vez, sin querer, marcando el futuro de
Perú por las próximas décadas.
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