Los miserables

 

Recientemente, el diario La República publicó una entrevista al historiador Antonio Zapata. Pese a ser “rojo”, siempre lo he respetado intelectualmente. Incluso en aquellos años cuando conducía un célebre programa educativo en la televisora estatal junto a ¡títere!. Sin embargo, en la entrevista, se me ha desdibujado completamente.

¿Qué dijo Zapata?. Primero no condenó ninguno, ninguno de los actos vandálicos que se han producido en las violentas protestas callejeras de izquierda radical en los dos últimos meses. Especialmente, el nuevo conato de revuelta surgido en Juliaca. Para Zapata no hay presencia del Movimiento por la Amnistía y los Derechos Fundamentales (MOVADEF), heredero ideológico de los terroristas de Sendero Luminoso en las décadas de 1980 y 1990. Tampoco financiamiento del narcotráfico o la minería ilegal. Menos los mensajes rabiosamente anti-limeños, demagógicos y clasistas vertidos por radioemisoras “rojas” puneñas ni la presencia proselitista del ex autócrata boliviano Evo Morales en Puno, a quien -por fin- la Superintendencia Nacional de Migraciones le ha prohibido el ingreso al país.

Para Zapata, las turbas de izquierda radical, causantes de casi una veinte de muertos y decenas de heridos, destrucción de propiedad pública y privada y haber desatado caos en Juliaca, surgieron, porque “los campesinos” están rabiosos por la caída del gobierno de Pedro Castillo el 07 de diciembre pasado. Castillo era “su representante” y esos sectores “de derecha” en el Congreso se lo “cargaron”, igual que en 2018 con el gobierno de Pedro Pablo Kuczysnki, como si fueran contextos políticos iguales. Después dijo que la Presidenta de la República está “rodeada” (no especificó por quiénes) y, aunque no pide su renuncia, cree que ella no sobrevivirá a esta asonada puneña. Culpa a ella, no a las Fuerzas Armadas o la Policía Nacional (Zapata no es tonto), por las “violaciones a los derechos humanos” en la protesta.

Cuando el entrevistador preguntó a Zapata si la renuncia de la Presidenta de la República debe conllevar la asunción del Presidente del Congreso, el historiador dijo que, en ese escenario, debiera haber una nueva Mesa Directa para que asuma un personaje “menos conflictivo”. ¿Quién sería?. Zapata citó a la congresista Susel Paredes, quien oscila entre “rojos” y “rojimios”. Además, mostró simpatías por la congresista Ruth Luque, perteneciente a la izquierda radical “postmoderna” encarnada en la ex congresista Verónika Mendoza, comunista afrancesada.

Tras leer esa entrevista, me indigné. No es posible que cuando hay sangre derramada por hordas de energúmenos, a quienes no les importa nada ni nadie, cuyos líderes facciosos buscan derribar la democracia, las instituciones y el imperio de la ley para reemplazarlos por la anarquía, existan personajes como Zapata buscando beneficiar a sus “cofrades”. Gente que quiere sacar provecho político de la vorágine para instalar un Gobierno interino, pero presidido por alguien de los suyos, como en noviembre de 2020.

Disculpen, pero sólo tengo un calificativo para ellos: ¡miserables!.

 

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Noviembre 1992 / noviembre 2020

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