Tal vez Carlos Álvarez

 

La semana anterior leí un artículo de opinión del psicólogo Juan Carlos Tafur, director del portal web sudaca.pe.

Tafur escribió que él cree que el conocido humorista Carlos Álvarez podría convertirse en el candidato presidencial que la gran mayoría del electorado peruano está deseando. A Tafur le ha gustado promover candidaturas políticas, pero que después resultaron un fiasco: si no, pregunten a Jaime Salinas López-Torres, ex regidor metropolitano de Lima. Sin embargo, analicemos qué tan factible sería esta hipótesis.

Álvarez es un personaje del espectáculo bastante conocido en el país. Adónde va, congrega multitudes. Tiene cierta sensibilidad social para percatarse que muchísima gente está furiosa, rabiosa, “cabreada”, con la Presidenta de la República y su Gobierno, el Congreso, los partidos políticos y los políticos en general, a causa de la corrupción administrativa y los escándalos políticos, además del bajo crecimiento económico y la criminalidad en aumento, aunque no lo parezca, porque no está protestando con marchas en las calles o golpes de cacerolas. Sus secuencias de humor y sus imitaciones a políticos son críticos de la realidad actual.

Álvarez tiene “ideas propias” sobre política, economía o historia. Es un leído sobre cómo funciona la administración pública. Puede convertirse en un candidato “disruptivo”, un candidato contrario al sistema político (salvando distancias, como el diputado Javier Milei en Argentina), al cual podrían votarle amplios segmentos del electorado, a diferencia de los posibles candidatos de izquierda radical (con discurso contestario, pero con el lastre de haber respaldado el incompetente, corrompido e ideologizado gobierno de Pedro Castillo) o el ex mayor Antauro Humala, quien purgó cárcel por la asonada de Andahuaylas en 2005, cuya última ocurrencia fue amenazar a un creador de contenidos en la red social YouTube con bajarse los pantalones.

¿Cuál es el problema con Álvarez?. Tafur obvia los aspectos negativos, pero sí existen. Primero, Álvarez carecería de “convicciones democráticas”. En la década de 1990 respaldó la dictadura de Alberto Fujimori, lo cual le trajo después algunos problemas judiciales y algunas simpatías perdidas. Con la transición hacia la democracia en 2001, Álvarez respaldó -críticamente- varios gobiernos posteriores. Quien escribe no lo calificaría “de izquierda” o “de derecha” (se rumorea que renunció a la televisora privada derechista Willax por discrepancias con el dueño) sino de “proto-populista”.

¡Ahí está el segundo aspecto negativo!. Imagino a Álvarez invocando al “pueblo” en discursos o buscando complacer al “pueblo”, aunque hacerlo implique violentar las instituciones y socavar el imperio de la ley. En Guatemala, en 2016 llegó al poder el comediante sin ideología Jimmy Morales habiendo prometido al “pueblo” una lucha anticorrupción y su gobierno terminó siendo uno de los más corrompidos de la historia guatemalteca. Sólo le ha superado su sucesor, Alejandro Giammattei.

Esperaremos a las elecciones generales de 2026 para descubrir si Tafur acierta.

 

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