En 1960 el economista y filósofo austriaco Friedrich Hayek publicó en los Estados Unidos el libro Fundamentos de la Libertad, en el cual, aparte de incluir una postdata titulada “¿Por qué no soy conservador?”, aparece una adaptación del conocido “Triangulo de Hayek” en economía al pensamiento político.
Imagine un triángulo equilátero. En una de los vértices están los “liberales”. En el segundo vértice están los “socialistas” y en el tercero, los “conservadores”. La arista del triángulo cuyos vértices son “liberales” y “socialistas” significa que ambas corrientes de pensamiento tienen puntos en común. La otra arista, cuyos vértices son “liberales” y “conservadores” significa que ambas corrientes también tienen puntos en común. La tercera arista, cuyos vértices son “socialistas” y “conservadores” también tienen puntos en común.
Pensé en Hayek cuando vi el ridículo que hicieron los sectores “de derecha” durante la reciente cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia Pacifico (APEC) en Lima. El primer ridículo: las condecoraciones y los halagos desmesurados al presidente vietnamita Lương Cường. Hombre del politburó, fue recibido en el Palacio de Gobierno por la Presidenta de la República, pero su presencia estaba organizada por Torre Tagle. Además, visitó el Palacio Legislativo y fue condecorado por algunos directivos del Congreso, quienes se jactan de ser “anticomunistas”. Lương también fue recibido en el Palacio de Justicia por el Presidente de la Corte Suprema de Justicia.
Lương estuvo en el Palacio Metropolitano para una condecoración por el Alcalde de Lima, quien también se auto-percibe “anticomunista”. Allí se deshizo en elogios al mandatario vietnamita (hasta nos confesó que es usuario de la empresa de telefonía de capitales vietnamitas BITEL), pero ni una sola vez mencionó que Vietnam es una dictadura comunista, cuyo fundador es Hồ Chí Minh, guerrillero marxista-leninista, quien combatió, primero, a Francia y, después, los Estados Unidos por la independencia y unidad vietnamita.
Por otro lado, las atenciones al presidente chino Xi Jinping alcanzaron el paroxismo: un recorrido de banderas chinas mientras los automóviles de la comitiva oficial recorrían Lima hasta llegar al Palacio de Gobierno. Incluso el diario oficial El Peruano publicó un artículo de opinión de Xi, donde elogiaba a Perú y hasta citó al pensador José Carlos Mariátegui, padre del socialismo peruano. En conferencia de prensa en el Palacio de Gobierno, Xi hasta se dio el lujo de decir que China es un “amigo confiable” para Perú.
Los sectores “de derecha” solamente ven el dinero chino para construir más obras de infraestructura, como el nuevo puerto multimodal de Chancay. Paradójicamente, no les importa que provenga de una dictadura comunista violadora de los derechos humanos de la etnia uigur en el occidente chino, persecutora a la minoría tibetana y amenazadora con anexionar la isla de Taiwán. Ni siquiera que esa dictadura censora, represora y asesina pretende “ajustar cuentas” con quienes humillaron a China y los chinos en el siglo XIX: Perú está incluido.
Inteligente, astuto y despiadado, Xi debe conocer bien la historia de los inmigrantes chinos llegados a Perú en el siglo XIX, los famosos “culíes”, como trabajadores semi-esclavos en las haciendas costeñas y la endiablada xenofobia que existió en el país hasta la década de 1930 contra los inmigrantes chinos y japoneses. Los listillos “anticomunistas” peruanos no caen en la cuenta que la dictadura comunista china es rabiosamente nacionalista e imperialista.
Supongo Hayek
tenía razón: socialistas y conservadores sí tienen puntos en común.
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