Rondas salvajes ("ESPECIAL")

 

Las rondas campesinas están en el ojo de la tormenta.

En la zona rural de La Libertad, rondas campesinas capturaron a ocho mujeres de distintas edades, so pretexto de practicar “brujería” o “hechicería”. Secuestradas, comenzaron a azotarlas. En la reunión de ronderos, alguien grabó con la cámara de video de su teléfono celular la espeluznante escena: una mujer de mediana edad colgada en una pierna, de cabeza, al techo de un inmueble, mientras un rondero la azotaba para que confiese que es una “hechicera”.

Las imágenes se volvieron viral en las redes sociales Facebook y Twitter. El Ministerio de la Mujer y la Defensoría del Pueblo exigieron la inmediata liberación de las mujeres. Tras la intervención de la Policía Nacional, seis de ellas fueron liberadas. Sin embargo, los ronderos mantienen cautivas a dos, a quienes pensaban pasear por distintas comunidades campesinas humillándolas y azotándolas por ser “brujas”, porque exigen que los familiares retiren primero las denuncias penales presentadas contra ellos ante fiscalía.

A pesar de semejante hecho barbárico, personajes públicos en los sectores “de izquierda” han justificado a las rondas campesinas. Les parece “normal”, algo “folklórico”, ver a ronderos con látigos y machetes en la mano. Ver a ronderos azotando gente por “infiel”, “vago”, “homosexual”, “ebrio”, etc. Es el “derecho consuetudinario”. Son las “costumbres ancestrales”. Mi país es tan “multicultural”. Personalmente, repugna tanta deshonestidad intelectual.

¿En qué parte de la Constitución de 1993, la Ley de Rondas Campesinas de 2003 y el acuerdo jurisprudencial de la Corte Suprema de Justicia en 2009 dice que los ronderos pueden azotar gente, sustituir a la Policía Nacional, actuar como fiscales y jueces penales, autorizar el tránsito por determinados rincones del territorio nacional o “retener” personas?. Surgidas para combatir el abigeato en la década de 1970 y efectivas en la lucha antiterrorista contra Sendero Luminoso en las décadas de 1980 y 1990, hace tiempo las rondas campesinas degeneraron en bandas de energúmenos que cometen cuánta salvajada se les ocurra en el campo. En lo personal, debieran ser disueltas.

Vimos a esas rondas campesinas venir a Lima el año pasado para “presionar” al Jurado Nacional de Elecciones que proclame ganador de la elección presidencial al “hombre sin sombrero” cuando vestía sombrero y hoy ocupa la Presidencia de la República. Quedan para el archivo hemerográfico las imágenes de un rondero afilando su machete contra el pavimento en la Plaza San Martín, en el Centro Histórico, y un manifestante opositor gravemente herido en un enfrentamiento por ronderos. Como hoy esos sectores “de izquierda” miraron para otro lado o justificaron todo.

¿Qué pasaría si esas rondas campesinas regresan a Lima para defender con todo al “hombre sin sombrero” (quien se define rondero)?, ¿qué pasaría si vienen, intencionalmente, a causar disturbios en el Centro de Lima o los distritos más turísticos de la ciudad?, ¿qué pasaría si vienen a asaltar el Palacio Legislativo e incendiarlo o atentar contra las oficinas de los grandes medios de comunicación?, ¿qué pasaría si viene con látigo o machete en mano (no descarto la posesión ilegal de armas de fuego) y “se cargan” a quién encuentren delante (policías, manifestantes opositores, transeúntes, etc.)?. Si ocurriese así, ¿seguirían todos en los sectores “de izquierda” repitiendo las “chorradas” de ahora?.

Dios proteja al Perú.

 

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