Los sectores “de derecha” peruanos no necesitan enemigos: sus peores enemigos son ellos mismos.
El ex alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, precandidato presidencial y senatorial “de derecha”, acudió al evento de la Conferencia Anual de Ejecutivos (CADE), junto al ex rector de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), Alfonso López Chau, también aspirante presidencial.
Por salud mental, no relataré las numerosas promesas y las infinitas mentiras de López Aliaga. Ya creo que él es un “positivista”, como aquellos políticos e intelectuales latinoamericanos que adherían al positivismo, aquella filosofía de finales del siglo XIX que todo lo justificaba por el progreso. En nombre del supuesto progreso materializado en trenes, aeropuertos, bancos y hasta criptomonedas (¡vaya a saber si se materializan!), López Aliaga es capaz de pasar –ya lo ha demostrado- por encima de las instituciones, el imperio de la ley y los derechos humanos.
De otro lado, en el contexto del asilo político que recibió de México la ex congresista Betssy Chávez (aún dentro de la embajada mexicana en Lima), en juicio penal por la intentona golpista del 07 de diciembre de 2022, el putrefacto Congreso aprobó la moción de orden del día declarando “persona no grata” a la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum. Durante el debate en la Cámara “espuria”, la congresista Adriana Tudela, precandidata a diputada por Lima en las elecciones generales del siguiente año, gritó y vociferó contra los golpistas, contra Chávez y contra los sectores “de izquierda” por, supuestamente, defender golpistas y amparar golpes de estado.
Como recordó la periodista Juliana Oxenford, Tudela olvidó cómo ella se deshacía el año pasado en elogios con su panegírico por la muerte del ex dictador Alberto Fujimori, golpista consumado. Podemos discutir si se justificaba o no el golpe de estado del 05 de abril de 1992, pero no hay discusión que Fujimori fue un golpista. Para la chica Tudela (como muchas voces en los sectores “de derecha”), hay “golpistas buenos” y “golpistas malos”.
En el putrefacto Congreso, la congresista Milagros Jáuregui, pastora evangélica y quien aspira a la reelección como senadora, ha presentado un proyecto de ley liberticida para enmendar el Código Penal de 1991 y tipificar como delitos “las ofensas religiosas”, “la ridiculización o banalización de los símbolos religiosos” o “el odio religioso”. Para justificar su iniciativa, expone un conjunto de hechos inconexos, pero que -según Jáuregui- son parte de un “ataque cristo-fóbico”. A ese proyecto adhiere el congresista Alejandro Muñante, futuro candidato a diputado, prominente integrante de iglesias evangélicas y cercanísimo a López Aliaga. ¡Par de ridículos retrógrados!.
Nota aparte: el “porno-filo” Presidente de la República y su Gobierno
han promulgado un opaco decreto de urgencia para la austeridad fiscal y la
reducción del gasto público. No está mal, pero ni él ni su Ministra de Economía
y Finanzas dicen pío sobra la avalancha legislativa populista del putrefacto
Congreso que amenaza romper la caja fiscal.
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