Vergüenza internacional

 

En México, la presidenta electa Claudia Sheinbaum tomará posesión del cargo en diciembre próximo.

Sheinbaum, física e ingeniera energética, judía de ascendencia lituana y búlgara, ganó las elecciones generales de este año con 59.75% de votos válidos frente a la senadora opositora Xóchitl Gálvez y su 27.45%. De padres izquierdistas, Sheinbaum es la pupila, la delfina del locuaz e histriónico mandatario Andrés Manuel López Obrador. Aunque tienen perfiles distintos, analistas políticos mexicanos coinciden que ella comparte casi todos los puntos de vista políticos de su mentor.

Sheinbaum es una política de izquierda radical. En 2019, siendo Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, condecoró personalmente al autócrata Evo Morales cuando éste huyo de Bolivia tras el levantamiento popular contra su intento de perpetuarse en el poder mediante un fraude electoral y haber recibido el asilo político por parte de López Obrador.

Para la toma de posesión, Sheinbaum ha invitado a todos los jefes de estado o de gobierno con quienes México tiene relaciones diplomáticas. Incluso al autócrata ruso Vladimir Putin (con orden de captura por la Corte Penal Internacional) y al dictador venezolano Nicolás Maduro, quienes no creo vayan. Sólo hubo dos excepciones: Ecuador, como consecuencia del asalto a la embajada mexicana en Quito por el gobierno de Daniel Noboa este año, que derivó en ruptura de relaciones diplomáticas. Por supuesto, Perú.

Las relaciones diplomáticas entre Perú y México están “suspendidas” (el año pasado el embajador mexicano en Lima fue expulsado) por causa de López Obrador y sus reiteradas intervenciones en asuntos internos peruanos antes y después de la caída del incompetente, corrompido e ideologizado gobierno de Pedro Castillo el 07 de diciembre de 2022. Con la decisión de no invitar a ningún representante de Perú, Sheinbaum implícitamente rehúsa reconocer la sucesión constitucional de 2022. Además, para agravar la afrenta, a la toma de posesión en el Palacio de San Lázaro en la capital mexicana, sede del Congreso de la Unión, ha sido invitada Lilia Paredes, esposa de Castillo, a quien López Obrador concedió asilo político junto a sus hijos huyendo de Perú tras el fracaso de la intentona golpista de su marido.

La doble afrenta de Sheinbaum hacia Perú debiera merecer una nota de protesta de Torre Tagle, pero es la demostración que estamos dando vergüenza internacionalmente. La Presidenta de la República, quien gusta cantar en público canciones infantiles y jugar voleibol en el Patio de Honor del Palacio de Gobierno (con esa aparatosa caída al suelo del Ministro de Educación), no puede salir a las calles sin que le griten “corrupta” o la insulten. Su Gobierno nacional ha abdicado de autoridad para entregarla al Congreso “ilegítimo” e impopular, que está abocado a defender intereses políticos o particulares, sin importarle la demolición institucional y la degradación del imperio de la ley.

Por desgracia, nos merecemos el (mal)trato que Perú está recibiendo del extranjero, porque estamos dando vergüenza ante el mundo.

 

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